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29 mayo 2013

La dislexia y el tiempo.




   Para poder entender realmente la dislexia y su mundo es necesario hablar del tiempo. El tiempo en sus múltiples y variadas facetas. Un niño no se diagnostica nada más nacer de  disléxico, necesitas un tiempo. ¡Ojalá! que pudiésemos saber al salir del hospital que nuestro hijo es disléxico. Por desgracia eso no es posible, entre otras muchas cosas no es posible ya que por suerte la dislexia no es una enfermedad, no es una malformación y no debería de ser un gran problema. Tampoco sabemos cuando decidimos el colegio de nuestros hijos, decidimos el tipo de enseñanza y ponemos en su mochila todas nuestras expectativas respecto a su futuro y educación que es disléxico. Cuando ya llevas un tiempo en el colegio entonces es cuando empiezan a aparecer los síntomas de la dislexia de tu hijo. Entonces ya no estás en el tiempo real, ya necesitas tu como madre un tiempo para asimilar y entender lo que es la dislexia y no tienes tiempo para darte cuenta en que mundo te estás metiendo. El tiempo lo es todo. Cuanto antes empieces la terapia y las ayudas más a tiempo estás de tener menos dificultades, de evitar mayores problemas.

  Una vez que el tiempo te mete de lleno en el mundo de la dislexia el tiempo se convierte en algo esencial, no solo para ti también para tu hijo. Para ti como madre el tiempo pasa volando, necesitarías más tiempo para poderle dedicar tranquilamente a tu hijo las tardes para enseñarle y ayudarle en sus deberes, en sus exámenes y te falta tiempo para jugar con él y disfrutar tranquilamente de la tarde. Las tardes se te pasan volando y no has tenido todo el tiempo que querías.Sacas tiempo por las mañanas de donde aparentemente no hay tiempo, cualquier momento es bueno para repasar la lección antes de entrar al colegio. Del tiempo para ti como mujer, como ser humano, es lo que hay gente que dice que es su tiempo, que necesitan un tiempo para ellas, en eso ni entro. Para mi me merecen toda mi admiración por planteárselo y lograrlo, yo ni me lo planteo y lo veo como una utopía. ¿Tiempo yo? ¿Un tiempo para mi? Cuando tenga otra decena de años más en mi cuerpo quizás sea capaz de tener ese tiempo.

23 mayo 2013

Dislexia : sentido y sensibilidad





Tengo que decir que cuando encuentro el momento de escribir y la calma para hacerlo, y por supuesto el ordenador no lo está utilizando ninguno de mis hijos, me viene a la cabeza tantas cosas que contar... La falta de tiempo, la prisa, hace que la mayoría de las veces haga una breve selección en mi cabeza y vaya al grano, a lo que en esta semana estoy sintiendo más. Esta semana la palabra que viene a mi cabeza es sensibilidad.

El otro día tuve la inmensa suerte de escuchar una lección magistral sobre el tema, sobre como sensibilizar a la gente. Queda mucho por hacer, por no decir casi todo en España, sobre la dislexia, sobre las dificultades de aprendizaje. En el extranjero están en otra galaxia, van a años luz de nosotros. Hasta ahí todos de acuerdo, pero otro factor esencial y que está en nuestras manos, somos nosotros, los afectados directa o indirectamente por la dislexia. Tenemos que ser capaces de sensibilizar a la gente que esta a nuestro lado. No se como se hace, pero debemos de hacerlo. Se que parece imposible, peros si fuese posible tendríamos la mitad de problemas,  ¡ojala! que la gente tuviese más empatía y más sensibilidad. Quizás en el extranjero están más avanzados que nosotros pues su sociedad está más sensibilizada con el problema. 

17 mayo 2013

¿Existe un manual para madres de hijos disléxicos?



    
    Desde que en Febrero abrí el blog para contaros las pericias de una madre con seis hijos disléxicos, no he parado de leer, de ver documentales, en resumen de recibir información sobre la dislexia. Desde que se la diagnosticaron a mi primer hijo siempre que he podido he leído todo aquello que llegaba a mis manos. Tengo que deciros que nunca he leído y me he informado tanto como en estos meses. He conocido a gente maravillosa que llevan años trabajando para conseguir que nuestros hijos estén en igualdad de oportunidades que el resto de sus compañeros, gracias a las distintas asociaciones de dislexia, de dificultad de aprendizaje, no solo a nivel nacional, también a nivel internacional. He podido entrar en contacto con centros especializados en el estudio tanto científico como a nivel de educación de la dislexia. Hoy he conocido a Kath que tiene un apasionante blog de For Dyslexia. Gracias a la situación por la que está atravesando uno de mis hijos, incluso he conocido y he hablado con algún inspector de educación de la Comunidad de Madrid. Son una parte esencial dentro del sistema pues son  como los "árbitros" del sistema de educación, velan para que por lo menos lo poco que nos da la legislación actual, se haga cumplir. Si tenéis la suerte de toparos con alguien humano, con empatía y con ganas de ayudar , como me pasó a mi esta semana, entonces con que simplemente te escuchen te crees la reina de la dislexia por un instante. Digo un instante pues en cuanto llegas al colegio de tu hijo, a la realidad auténtica del día a día, entonces  lo más probable es que tu reinado se esfume como por arte de magia. Pero bueno, gracias a todo ello, creo saber y entender un poco mejor la dislexia. Me veo más capaz de seguir luchando contra viento y marea, de ser fuerte y al mal tiempo buena cara. Pero sobre todo gracias a vosotr@s por compartir vuestras inquietudes, vuestros sentimientos y vuestro cariño.

12 mayo 2013

Dislexia sí, un poco de humor también.


  

Llevo una semana dura, de las duras de verdad, de las interminables. Para que nos riamos un poco os voy a contar. Una de mis hijas está haciendo en su clase un rally de lectura. Tiene muchas dificultades de concentración, de lectura, de comprensión y de rapidez lectora. ¡Total! que uno puede pensar que es interesante que la motiven para leer, que es un ejercicio bueno. Hasta aquí todo correcto, el problema radica en que mi hija se ha comprometido a leer veintiun libros, si tal y como os lo cuento, todos los libros de la lista, para que os voy a contar el resto... Pues luego viene tu conciencia de madre, de educadora, de si se compromete tiene que por lo menos intentarlo, etc... Llevo toda la semana pendiente de su lectura y de que encima entienda lo que lee, pues al finalizar  cada libro tiene que responder a una preguntas. Tenemos por delante todavía un par de semanas, pero claro mi hija tal y como es con su dislexia ¡veintiun libros! Eso más que un rally es un reto. Esta siendo un auténtico rally no solo para ella, también para mi. Pues la mitad de las veces se pierde en el interminable libro, no ha entendido nada y contesta lo que no debe. Vuelta a releer otra vez el libro, a que no haga trampas y busque las respuestas... y a que si ella se vio capaz de leer toda esa lista interminable, sin que nadie la obligase, pues que la lea. O mejor dicho que leamos madre e hija. Cada vez que veo el librito del rally de lectura con la firma de mi hija, con el número 21 escrito por ella, me entra la risa, claro está o nos reímos o nos desesperamos. Está leyendo "El principito", vamos por más de la mitad del libro, todavía no es capaz de leer correctamente  la palabara Baobab, lee boaba.... cuando lo oigo por enésima vez, no puedo hacer otra cosa que sonreír y seguir como si nada.

05 mayo 2013

La dislexia: un camino lleno de sorpresas por recorrer.





Este fin de semana en Madrid hemos tenido puentazo y como tantas otras familias hicimos bocadillos, maletas, cogimos todos los deberes, más de los que pretendíamos hacer , coche, carretera y atasco. Que decir que en estos días mis hijos han estudiado poco y yo diría que algunos nada. Nos hemos vuelto un día antes con la disculpa de no pillar atasco, pero en verdad era para que se centrasen y estudiasen. Aquí estoy escribiendo, mientras mi marido me hace el relevo, explicándole a mi hija los números decimales y las medidas. Contando todo aquello que me pasa por la cabeza.

  Mientras venía ayer por la noche conduciendo pensaba en la reunión que tuve la semana pasada. Tuve la suerte de conocer  y hablar un buen rato con gente que lleva toda una vida dedicada a facilitar la vida a los disléxicos, me encantó. Eran los de DISFAM, no nos conocíamos de nada pero en un minuto empezamos a hablar de la dislexia, de nuestras vidas, de nuestras dificultades y de todo en general. Conectamos al minuto, que duda cabe que cuando uno tiene ganas de ayudar, tiene empatía y sensibilidad todo es más fácil. Fue una reunión que me ha hecho pensar mucho. Una de las cosas que me llamó la atención fue ver como les sorprendía que en mi balanza, la mayoría de mis experiencias son positivas respecto a la dislexia, y que por lo visto no es normal encontrar tanto optimismo. Pensando en la carretera, en el porque a la gente les choca nuestro optimismo, no sabría decir el motivo. Pero tras mucho pensar creo que se resume a algo tan sencillo como haber encontrado gente con muchas ganas de ayudar. Hemos tenido la suerte de tener gente mucho más dispuesta a ayudar que gente decidida a fastidiar o incordiar. Con ello no quiero decir que todo haya sido fácil, no todo lo contrario, ha sido y sigue siendo difícil, pero si pusiese todo en una balanza obtendría más positivo que negativo.

25 abril 2013

Imagina, imagina un mundo mejor para la dislexia....



 Me encanta correr, llevo diez años que mi placer secreto consiste en ponerme mis zapatillas, mis cascos y correr. No os creáis que soy una deportista nata o que me dedico a los maratones. Aunque tengo que confesar que una meta mía es ser capaz de correr una media maratón. Pero los años pasan... y creo que va a ser un sueño no logrado. Mientras corro me evado y sueño despierta. Me encanta imaginarme cosas, situaciones y curiosamente a veces esos sueños se cumplen.

  Muchas veces me he imaginado el siguiente sueño. No os riáis, pues puede que se cumpla, pero de verdad que lo he pensado muchas veces. He pensado que conseguía una cita con el ministro de educación y con la consejera de la comunidad autónoma. Los dos sentados en una misma mesa y me preguntaban sobre como gestionar la dislexia. Me decían que hablase libremente, que en cuestión de quince días todas las peticiones serían efectivas, que harían un decreto especial para las dificultades en el aprendizaje. Pero un decretazo, de esos que no dejan nada sin atar. Que el objetivo del mes era convertirse en el país pionero en esta materia.  Yo sentada, tan tranquila empezaba a pedir mi lista de deseos y ellos muy aplicados no paraban de escribir todo, y lo que es mejor de asentir diciendo que estaban de acuerdo.

22 abril 2013

¿Como sería mi mundo sin la dislexia?






    "The most beautiful things in the world cannot be seen or touched; they are felt with the heart." --Antoine de Saint-Exupéry, The Little Prince.

  El otro día estaba leyendo con uno de mis hijos, leía en alto, una página él y otra yo, para así ir avanzando y hacerlo más ameno. Esta vez la que se fue a una nube fui yo, mientras supuestamente leía detrás de él, mi cabeza estaba en otro sitio. Me enterneció escuchar a mi hijo leer, me enterneció ver lo encantado que estaba de ver que le dedicaba tanto o más tiempo que a otros hermanos suyos, me encantó verle feliz. Su mirada y su sonrisa eran el mejor regalo. Mientras tanto mi cabeza se puso a pensar, ¿que sería de mi sin la dislexia? ¿Como sería mi vida? Yo que no soy disléxica pero que convivo con ella de la manera más estrecha que uno puede imaginarse. Mi marido es disléxico, mis hijos también y una de mis íntimas amigas también lo es. ¿Como sería todo? Pues sería todo diferente, distinto. Nunca hubiese conocido este apasionante mundo de la educación y de la dislexia.

18 abril 2013

Mirala, mirala ...... una vez más, ahí está: la dislexia




  El otro día me puse a hacer los deberes con mi hijo Pedro, tiene siete años, su dislexia es leve. Es el quinto de mis hijos. Gracias a la ayuda de sus profesores, del colegio y que al ser el quinto hermano, en cuanto tuvo tres años y empezamos a ver cosas llamémoslas de alguna forma " extrañas" o " anómalas", empezamos a ir a terapia. Simplemente a corregir y ayudar todas las "anomalías" que se iban presentando. A esa edad tan temprana es imposible poder diagnosticar una dislexia. Ni siquiera han empezado el proceso de lectoescritura. A ello le sumo que tuvo, y diría tuvimos ya que a mi me evito un montón de trabajo, la inmensa suerte de que le enseñaron a leer con un sistema buenísimo. Le enseñaron a leer con el sistema de los niños sordos, con signos. Nunca lo había visto, no se de nadie en mi entorno que lo utilice, pero los resultados han sido asombrosos. Ni un solo problema con la lectura, Pedro acabó primero de primaria leyendo en francés y español sin ningún problema, sin stress, sin agobios, sin atascarnos en ninguna letra, ni sílaba, sin nada. Después de cuatro hijos donde el inicio a la lectura ha sido un verdadero stress, donde tarde o temprano se han ido atascando todos, esto me pareció el descubrimiento del año. Cual ha sido mi sorpresa, que al haber aprendido a leer con este sistema el inicio en la escritura y en la ortografía ha sido, aunque con algunos problemas, mucho más sencillo que con el resto de sus hermanos. En cuanto se le atasca una palabra, empieza a hacer todo tipo de signos con las manos, fijándose en lo que oye y los sonidos ... y al final termina por escribir lo que se le dice. A veces tengo que reconocer que no es del todo exacto, pero se le asemeja bastante, no siendo un disparate. Lo cual para mi es todo un logro.

  Bueno, volviendo al tema, este sábado me puse a leer con él. Cual fue mi sorpresa cuando según iba leyendo, según iba contestando a las preguntas del texto, allí estaba ella. Como tantas otras veces, escondida, disimulada, solo a la vista de pocos, allí estaba su dislexia. En ese momento me entró pereza, cansancio y agotamiento de tener que empezar otra vez a trabajar de lleno con otro hijo. Pero me demostró una vez más, que la dislexia siempre que está, siempre que te la diagnostican, acaba por  hacer acto de presencia, entra en escena tarde o temprano, está ahí y siempre da la cara. ¡Que le vamos a hacer! es nuestra compañera de por vida, para lo malo y... también hay que admitirlo para lo bueno, aunque a veces cueste encontrar las cosas buenas.

13 abril 2013

Dislexia...y tenemos que seguir tirando del carro.





  Esta semana ha sido una semana cuesta arriba, muy cuesta arriba. De esas que deseas que llegue el viernes, que se acabe todo, que vuelvan las vacaciones, que no tengas que seguir llevando a tus hijos al colegio, que deseas que llegue el verano y no ver durante un tiempo a los profesores, de no saber nada de la dislexia, de las notas, de los deberes y de nada. De que me dejen vivir tranquila con mis hijos, de que nos riamos y de que nos relajemos. Que no tuviesen que ir al colegio, que no tuviesen exámenes, y sobre todo que no tuviesen notas.

  Hemos vuelto de vacaciones y me han llegado las temidas notas. ¡Horror! con tantos hijos he tenido de todo, es de suponer. Los que las han tenido buenas, que se ha visto reflejado su esfuerzo en sus calificaciones, ha sido todo un premio para ellos. Pero dos de mis hijos no han tenido esa suerte. 

05 abril 2013

Eres disléxico, no te avergüences





  Este curso mi hijo de dieciséis años decidió cambiarse de colegio para hacer bachillerato. En septiembre su preocupación era integrarse bien en el nuevo colegio, hacer nuevos amigos y ser igual al resto. Pasar desapercibido, que nadie supiese de su dislexia, ser como el resto. Fui  al colegio a informar de la dislexia de mi hijo. Todo a escondidas, él no quería, quería que nadie supiese nada, quería pasar desapercibido. Tenía miedo a integrarse peor en el grupo  si se sabía lo de su dislexia. Visto desde fuera una tontería, visto desde los ojos de un niño de dieciséis años, adolescente y siendo el nuevo, una cuestión de extrema importancia.

  Como os iba diciendo, sus energías se centraron, como cualquier adolescente, en ser aceptado por el nuevo grupo de amigos. Los estudios pasaron a un segundo plano, su rendimiento escolar era muy bajo. Es un niño muy fácil y se integró sin problemas en el nuevo colegio. Hizo sus amigos, se integró a las mil maravillas y en contrapartida los suspensos llegaron. Como todos los años, mis hijos tardan en arrancar el curso. Son niños que les cuesta volver a coger el ritmo, este curso le costó más. A finales de noviembre, se puso las pilas y verdaderamente empezó a estudiar.

04 abril 2013

Y vinieron más… disléxicos

       



 Poco a poco os he ido contando como fuimos descubriendo la dislexia en mis tres primeros hijos. Como ya me habían ido avanzando los pedagogos lo normal es que con tres en casa, aparecieran más casos, y así fue vino mi hija la cuarta, María. En este caso la dislexia no apareció de forma extraña, ni camuflada, ni de forma tardía o diferente, apareció de manera tan descarada, que hasta los no especialistas lo veían de lejos. Era obvio María tenía dislexia y necesitaba ayuda.

La variedad que presentaba frente al resto de mis hijos era su carácter, su forma de ser. El resto son niños bastante tranquilos, esta es pura dinamita. La concentración es algo que no le acompaña, me gusta más pensar que en vez de déficit de atención tiene dificultad en concentrarse. Se que es lo mismo, pero al decirlo de otra manera, a mi me parece que es más fácil de corregir. Tonterías, pero me ayuda a llevarlo mejor. Una vez que le diagnosticaron la dislexia, la profesora me pidió que le evaluasen el déficit de atención Como es comprensible siendo la cuarta y llevando tantos niños a terapia, tantos años, establecí una relación personal con los pedagogos y logopedas que llevaban a mis hijos. El resultado de las pruebas fue que estaba en el límite, la pedagoga me preguntó que qué me interesaba más que me la diagnosticase con déficit de atención o sin él. Estaba justo en la frontera. Tras pensarlo detenidamente, creí que bastante llena estaba su maleta con la dislexia  y todo lo que conlleva para añadirle más peso con otro diagnóstico, digamos “negativo”. Otro handicap en su expediente, en función del profesor que nos toque nos puede ayudar o machacar, basándose en su falta de atención.

Definitivamente preferí que no fuese etiquetada con déficit de atención. Bastante teníamos encima, como para tener que dar más explicaciones en las tutorías.

14 marzo 2013

La dislexia es ... como una montaña rusa.


  No se si alguna vez habéis sentido esa sensación. Yo la he tenido multitud de veces con mis hijos. El rendimiento escolar de los niños disléxicos es como una montaña rusa, un sube, sube y un baja, baja y por supuesto no falta la sensación de vértigo, de no saber si llegará arriba o si será capaz de aguantar la caída. Además suele ser un baja, baja y luego un sube, sube. No nos olvidemos que son disléxicos y empiezan todo de forma distinta. Con lo cual la montaña rusa es más espectacular, te desorienta más y te da más sensación de no saber donde te encuentras.

  El otro día vi un vídeo en you tube sobre la dislexia. Era una psicóloga irlandesa decía que a estos niños les cuesta mucho aprender las cosas fáciles y que en cambio les cuesta menos aprender las cosas más difíciles. ¡Es cierto! Es increíble, os podría poner infinidad de ejemplos del día a día de mis hijos. El otro día una de mis hijas, María la cuarta, tuvo un examen de matemáticas. Multiplicaciones y divisiones de decimales. Lo estudiamos en casa, lo preparamos bien, hicimos infinidad de ejercicios. Le puse todas las preguntas que le podían preguntar, de las distintas formas que le podían poner los enunciados de los ejercicios y nos fuimos al examen. Además de ser disléxica es una niña muy nerviosa, muy, muy dispersa y la concentración le cuesta muchísimo. No es muy segura en si misma, y la autoestima la tiene un poco escasa. Pero es muy buena persona, capaz de ayudar a quien sea, y con una empatía por el prójimo, con una sensibilidad , que hacen que sea alguien muy especial. El caso, es que el lunes vino con su nota a casa. Venía entusiasmada, además de haber sacado una buena nota, al parecer la profesora le dijo que fue la única en hacer bien un ejercicio. Como os lo digo, hacen de una manera sencilla lo difícil y en cambio en lo básico se atascan de una manera, que llegan a parecer hasta torpes. Estos días así estas arriba de la montaña rusa. La noche antes del examen estábamos que no sabíamos si llegábamos y... lo logró. Eso si, puede que la semana que viene le pongan un examen de cálculo, muy básico de tablas de multiplicar y no lleguemos ni siquiera a aprobar. 

  Mis hijos son en cuanto a su rendimiento escolar una montaña rusa, pero si comparamos la evolución desde septiembre cuando empezó el curso hasta ahora, la evolución siempre muestra una progresividad, una evolución hacia arriba. Esa progresión es la que tienen que ver su profesores, la que hay que evaluar y calificar. Hay que pararse de vez en cuando, pues en esos "baja y sube", pierdes la perspectiva, la evolución y crees que jamas van a ser capaces de llegar. Pero si que llegan, son capaces. Son capaces de dejar a lo largo del curso a sus profesores con la boca abierta, pues no se esperaban ese rendimiento de ellos. 

08 marzo 2013

¿Disculpe, sabe usted lo que es la dislexia?


Esta es la pregunta que nunca he hecho a ningún profesor de mis hijos y que creo que debería de hacer. Es un gran error por mi parte no haberla hecho. Nada más llegar y hablar por primera vez con un profesor, no se vosotros, pero yo en el primer minuto de la conversación, lo primero que les cuento es que mi hijo o hija es disléxico. Es más creo que si hubiese un record de quien es la primera madre que pide tutoría en el colegio, creo que yo lo tengo casi todos los años. Empieza el curso y a las dos semanas ya estoy haciendo tutoría para informar que mi hijo es disléxico.

Una cosa es contarles que es disléxico y otra es que ellos sepan verdaderamente lo que abarca el término dislexia. Creo que a partir del siguiente curso deberé tener un protocolo a seguir en la tutoría de cada uno de mis hijos: primero presentarme como la madre de tal o cual hijo; segundo informarles que es disléxico y tercero preguntarles que entienden ellos por dislexia. Parece algo obvio, que todo profesor, educador y docente debería de saber. Pues no tienen ni idea, tienen la misma poca idea que tenía yo el día que diagnosticaron a mi hijo el mayor, es decir, nada de nada. Lo más que alcanzan a saber es que tiene problemas de ortografía, pero ya está. Como mucho que la dislexia conlleva problemas de espacialidad, pero ya está.

04 marzo 2013

Cuando la dislexia se esconde.



  Como ya es de sobra sabido no hay dos disléxicos iguales, cada uno es genuino en su forma. Incluso cuando se trata de hermanos del mismo padre y de la misma madre, que van al mismo colegio, que reciben una educación aparentemente igual y que se llevan muy poco tiempo entre ellos. A lo largo de este blog os he ido contando mis experiencias con la dislexia, sobre todo centrándome en mi hijo el mayor, Fernando, que tiene un grado bastante severo de dislexia y es con quien descubrí este mundo. Más tarde diagnosticaron a mi tercer hijo Pelayo, era un caso distinto pero muy de manual, presentaba una sintomatología muy típica de la dislexia. Entre medio de ellos dos está mi hija Ana. En ella nunca mejor dicho la dislexia se escondió, se camufló y tardamos en verlo. Aun hoy en día con claros síntomas de dislexia, con un certificado del pedagogo acreditando la dislexia, debemos de ir no solo diciendo, sino convenciendo a todos sus profesores que es disléxica. Su dislexia está latente, pero muy bien camuflada.

  Ana, al contrario que sus hermanos, desde muy pequeña hablo sin dificultad. Pronunciaba bien y es más con tres años rompió a hablar en su segundo idioma de una forma espectacular. Desde pequeña fue capaz de pasar de un idioma a otro, del español al francés sin ningún problema. Su estructura del discurso era buena, su vocabulario también. En el colegio aprendió a leer sin dificultad como el resto de su clase y aparentemente no tenía problemas. Pero como todo lo que se esconde tarde o temprano se encuentra, así paso con su dislexia. En segundo de primaria, empezó a tener problemas con las figuras simétricas. Era una cosa que a primera vista parecía sencillo, pero a ella se le hacia un mundo. No había manera de verlo. Lo que pintaba no tenía nada que ver. Estaba claro que su espacialidad no iba en el camino correcto. Pero bueno, hay quien tiene dificultades con la simetría y no por ello es disléxico. El segundo aviso vino en un examen de matemáticas. No era capaz de hacer los problemas de matemáticas. No comprendía que se le pedía. Cuando le explicábamos el enunciado en un minuto lo resolvía, pero era incapaz de hacerlo sola. La segunda dificultad venía en redactar una frase donde dijese que le quedaban tres manzanas o lo que fuese la solución del problema. Además en los exámenes, bajo presión escribía infinidad de números en espejo, al revés. La profesora me llamó, viendo sus exámenes se veía un claro desnivel o desajuste en sus capacidades. Lo peor en Ana es que ella sufría, no le gustaba hacer mal las cosas. Es muy responsable. Así pues una vez más, concertamos cita con el logopeda y que la evaluase. Efectivamente era disléxica, necesitaba terapia.  Y vuelta a empezar, íbamos ya por el tercer hijo disléxico en nuestra casa.

28 febrero 2013

Dislexia sinónimo de incomprensión.





  Al leer el título supongo que muchos vais a creer que hablo de la incomprensión en los niños. No, hablo de la incomprensión de terceros hacia nosotras madres. Digo madres pues solemos ser las que más estamos en el día a día escolar, pero también incluyo a los padres. Hoy he tenido uno de esos días de incomprensión con la dislexia de uno de mis hijos. Que daño pueden llagar a hacernos a nosotras como madres de disléxicos terceras personas. ¡Como duele! A mi me ha pasado hoy con un profesor de matemáticas. Supuestamente está en el aula para enseñar y ayudar, no para pasar del alumno y simplemente transmitir lo poco bien o mal que va tu hijo.

  Pues os cuento un poco la historia. Uno de mis hijos no va muy bien en matemáticas, va suspendiendo todos los exámenes. Hasta este curso era una asignatura que la llevaba bien, pero este año nos ha tocado un profesor que yo suelo calificar de estrella. Los profesores estrella, son aquellos que suelen tener fama de duros, no solo dentro del cole, sino fuera de el. Parece que eso da más prestigio y más miedo a los alumnos. El número de suspensos en su clase es alto y es el que dicen que mejor prepara. Yo creo que son un fiasco la mayoría de las ocasiones, pues solo saben preparar al niño que no tiene problemas al que tiene algún tipo de dificultad lo deja aparcado. Por lo tanto el profesor estrella suele estrellar a tu hijo. Es verdad que si consigues aprobar y pasar el curso con él, le pones una super estrella a tu hijo, por ser capaz de andar todo el año por una asignatura llena de minas puestas por el profesor y otra a los padres por haberlo aguantado.

25 febrero 2013

¿Mamá que es la dislexia?

¿Que es la dislexia? Esta pregunta tarde o temprano la tenemos que contestar a nuestros hijos. Personalmente no me acuerdo cuando me la preguntaron por primera vez, lo que si que se es que tras todos estos años, es una pregunta que de vez en cuando me la vuelven a hacer. Es un concepto nada fácil de comprender, ni de explicar a los niños. 

Seguro que al igual que todos vosotros habréis navegado horas buscando definiciones sobre la dislexia. Hay muchos expertos que tienen infinidad de teorías. Al final nadie concreta de manera definitiva que es la dislexia. Es un concepto tan amplio, que se manifiesta de tantas formas que es difícil de acotar o delimitar. Lo que si tenemos que tener claro que no es una enfermedad, no es una malformación, simplemente  es una dificultad en el aprendizaje. Pero el porque de ello es muy difícil de saber. Mi interpretación más simplificada para contarle a mis hijos es que las dos partes del cerebro están conectadas como los ordenadores. La mayoría de la gente las tiene conectadas de una forma similar, luego están los que tienen las conexiones distintas como ellos. Tienen un programa en su ordenador, que es su cabeza, distinto al del resto, pero no por ello peor, solo distinto. Es como Windows o Apple, los dos son buenísimos y funcionan igual, pero son distintos.

22 febrero 2013

¿Por ser disléxico tengo que ser inmaduro?

Como dijo Rousseau, cada etapa de la vida, cada edad, tiene la madurez acorde a ella. Por lo que podríamos decir que cada niño es maduro de acuerdo a la etapa de su vida. No es que un niño sea más maduro que otro, si no que su madurez va en relación a la etapa, a las circunstancias que le toca vivir. Por lo que no sería comparable una madurez de un niño con la de otro de la misma edad. Cada niño tiene sus circunstancias y sus particularidades por lo que lo hace único e incomparable. ¿Por qué digo esto? Lo digo pues cada vez que voy a tutoría o hablar de mis hijos con los profesores es un tema que sale a la palestra: la inmadurez. Cuanto mayor grado de dislexia tiene uno de mis hijos suelen decirme que es más inmaduro que el resto. ¿Es eso cierto? No lo creo.

Lo primero que creo es que cada uno tenemos nuestro concepto propio de la madurez. Ni siquiera los profesores suelen tener claro su baremo para considerar quien es o no es más maduro. No hay en el claustro de profesores un concepto unánime de la inmadurez, cada uno la interpreta y concibe de una manera. ¿Como sabemos quien es el más maduro? ¿El que se organiza mejor en sus deberes? ¿El que muestra una actitud más responsable ? ¿El que mejores resultados saca? ¿El que es más solidario con sus compañeros? El que que, verdaderamente no lo se y estoy cansada de que siempre la dislexia suele ir acompañada de la palabra inmadurez. Creo que son más inmaduros para ciertas etapas del aprendizaje pero en cambio son mucho más maduros, en otras facetas de la vida. Son incluso más maduros que algunos profesores que les imparten clases. Para empezar saben lo que es ser distinto a la mayoría. Lo cual es una lección que no todos aprendemos. Cuando digo distinto me refiero a que ven la realidad de manera distinta a nosotros, siendo iguales que nosotros. La madurez va adquiriéndose según cada persona va viviendo las etapas sucesivas de la vida que le toca vivir. La madurez viene a ser una capacidad que desarrollamos y adquirimos según el dinamismo de cada individuo. Por lo tanto hablar de que tu hijo es disléxico e inmaduro no siempre es cierto. Creo que es una etiqueta muy fácil de colgar al niño para explicar y encasillar ciertos desordenes que tiene. Es muy cómodo lo clasificamos y lo encasillamos en un grupo, el de los inmaduros. Un problema menos, se lo digo a los padres, los desordenes que presenta los achaco a eso y a  seguir con el curso. Sin adentrarme en lo que verdaderamente necesita  que es ayuda y mejorar su dislexia.

18 febrero 2013

Leo, pero no lo entiendo.¿Soy disléxico?






  Como en otro artículo os comenté , mi hijo empezó la terapia con psicomotricidad. Poco a poco iba leyendo.La lectura iba entrando de manera tranquila, como si se deslizase por la puerta de atrás, pero apareció. Sin ningún estres, gracias a que su profesora del colegio nos dejó ir a nuestro ritmo. Sin prisas, creyendo en Fernando y dejándole trabajar despacio pero avanzando. Prueba de que la dislexia es algo independiente de los idiomas, es que de repente mi hijo leía en dos idiomas: español y francés. Así estuvimos todo primero de primaria, yendo dos días por semana a hacer psicomotricidad. No solo nos ayudó a leer, sino que nos ayudó a ver que había mucha gente con problemas similares al de Fernando, e incluso peores. Cuando ves que hay gente como tu, cuando ves que no eres el único, que duda cabe que algo de consuelo encuentras.

  Tras estar todo un curso académico y un trimestre más del siguiente curso, haciendo psicomotricidad, me dijeron que teníamos que empezar con lectoescritura. Personalmente creí que sería algo rápido, una vez más no veía más allá de mis narices, no veía el problemón que teníamos. No solo fueron unos meses, sino que fueron bastantes años. Creí que como ya leía, simplemente sería cuestión de afianzar los conceptos. ¡Que incrédula!

16 febrero 2013

Soy disléxico, pero soy un niño normal.




Un reto que hemos tenido en nuestra casa desde el principio, es el que nuestros hijos sean normales. A pesar de tanta terapia y de ser todos disléxicos, hemos intentado mantener el humor y ver todo normal. Tanto lo hemos intentado, que mi marido y yo vemos nuestro caso de tantos hijos disléxicos como algo normal. Nos reímos cuando vemos las caras y los comentarios de la gente al enterarse de nuestro caso. 

Creo que en esta parte de la dislexia el que ha tenido el papel más importante para lograrlo ha sido mi marido. Quizás sea que al ser el disléxico no le ha dado ninguna importancia, quizás sea que tiene un carácter mucho más pausado y tranquilo que yo, sabe "normalizar" las situaciones extraordinarias. No lo se, lo que es cierto es que esos días de desesperación delante de los deberes, esas tutorías donde el profesor te dice una lista larga de problemas de tu hijo,  esas semanas donde no ves el final del túnel; el siempre sabe quitarle importancia y verlo todo de una manera muy objetiva. Siempre me dice que ni tan malo como nos lo pintan, ni tan bueno como otras veces nos dicen.

10 febrero 2013

La dislexia: distintas caras de una misma moneda.




No siempre ocurre que no haya uno sin dos, pero en mi caso así fue. Como ya os comenté, tras el diagnóstico de mi primer hijo, me volqué de lleno en él. El tercero de mis hijos, Pelayo había empezado la guardería, tenía dos años y no hablaba. No hablaba nada, pero siempre te cuentan de algunos niños que no han hablado hasta muy tarde, que en cambio cuando rompen a hablar hablan del tirón. Yo, tengo que decir que no me paré ni un minuto a pensar que le pasaba algo.

Pelayo era un niño que a diferencia de sus hermanos no le gustaba nada ir a la guardería y ello suponía una pataleta diaria en la puerta. Así como Fernando era muy dócil, este tenía mucho genio. Justo antes de navidades una tía mía se llevo a los niños a ver belenes, al volver a casa me dijo que debería de preocuparme por Pelayo. No era normal que no hablase nada. El lunes siguiente, al ir a terapia se lo comenté a la pedagoga. Me buscó un hueco y el miércoles por la mañana lleve a  Pelayo a que le viesen. Efectivamente, mi hijo necesitaba ayuda. No hablaba nada. Tenía un retraso en su vocabulario, no era nada importante, pero si que necesitaba logopedia. Así que empezamos con el más difícil todavía. Mientras Fernando hacia su terapia en el centro que duraba unos tres cuartos de hora, yo llevaba a Pelayo a a casa de la pedagoga, para que le hiciese la logopedia a Pelayo.¡Por lo menos coincidíamos en días!

Al principio las pataletas eran tremendas, no se quería quedar, lloraba y se agarraba a la puerta. Pero según fueron pasando los días, los avances fueron evidentes Pelayo empezó a hablar. Su carácter se fue suavizando, empezó a poder comunicarse. ¡Que logro!gran parte de su carácter, de su cabezonería y mal genio venían de la falta de comunicación. No podía expresarse, no podía hablarnos. Los progresos fueron muy rápidos, en pocas sesiones dio un cambio radical.