La semana pasada al ir a recoger a mi hija la pequeña al colegio el profesor me dijo que si tenía un minuto para hablar con él. Sonreí para mis adentros y ya me olí por donde iban a venir los tiros. Era algo que mi marido y yo presentíamos, pero confiábamos que fuese simplemente una obsesión nuestra. Al parecer no éramos los únicos en ver que nuestra hija empezaba a tener problemas, nada grave pero algo sucedía.
Mi hija cumplió tres años en diciembre, es la pequeña de seis hermanos, y se escolarizó en septiembre del 2.012 por primera vez. Su profesor conoce a todos sus hermanos , a la mayoría de ellos los ha tenido como alumnos, por lo que tiene mucha confianza conmigo y conoce la dislexia de mis otros hijos. Muy brevemente me dijo que necesitaba ser evaluada por un logopeda, que dados los antecedentes de sus hermanos sería conveniente descartar posibles problemas, mi hija habla mal con respecto a los niños de su edad. No era nada nuevo, en casa ya nos habíamos dado cuenta de que no hablaba bien. La entienden sus hermanos, nosotros a veces y claro está en el colegio menos todavía. Es incapaz de contarnos nada de lo que ha hecho en el colegio y si lo cuenta no nos enteramos de la historia. Creo que carece de cualquier estructura en el discurso, ni tan siquiera la mas mínima, su vocabulario es escaso y la estructura de la frase es rara. A ello le sumamos que tiene la lengua de trapo, que creo que confunde sonidos y que le cuesta mantener la atención. Ya se que pensareis que es muy pequeña, que solo tiene tres años. Ya, pero todo lo que digo sobre ella es siempre comparándola con niños de su edad.
Histéricos no debimos de ser, pues el profesor notó lo mismo. Además todo ello le dificulta su integración en el aula con sus compañeros, no es capaz de mantener el juego con el resto, va como una mariposa de un sitio a otro, está con todos pero con nadie.
Lo primero de todo fue empezar a buscar logopeda,
