Como dije ayer una vez que verdaderamente me enteré de la dislexia de Fernando empezó el largo camino. Poco a poco fuimos haciendo de la terapia una rutina en nuestras vidas. Igual que uno tiene clases de ingles o deporte nosotros teníamos Pilar. Así llamábamos nosotros la terapia pues era Pilar la que la impartía. A mi alrededor no tenía a nadie con el mismo problema que yo, todo el mundo creía saber que era la dislexia pero en verdad no tenían ni idea. No solo mi familia o amigos, incluso algunos profesores.
Por mi forma de ser soy muy habladora, cuando tengo un problema creo que contándolo a mucha gente termino por quitarle importancia y el problema reduce considerablemente su tamaño. Soy así, quizás sea mentira y en verdad no ocurra nada de eso, pero a mi me parece lo contrario. Por ello empecé a hablar de la dislexia de mi hijo a todo aquel que se me cruzaba, era mi monotema. Empecé a la vez a leer mucho y a informarme sobre ello. Cuando os digo que hablo mucho es que hablo de verdad. Como desde que empezó la terapia las personas que veía más a menudo eran Pilar y otras pedagogas del centro, pues imaginaros todo lo que hablaba cada vez que íbamos a la terapia. Les preguntaba mis dudas, me informaban de los pequeños avances de mi hijo, me recomendaban lecturas,pero sobre todo me calmaban, me tranquilizaban y le quitaban toda importancia al tema. Era maravilloso pues más que enseñar a mi hijo, me enseñaban a mi a ser madre, a tratar el tema con naturalidad y a no desesperarme. Fueron un gran apoyo.
Os preguntareis el porque de a palabras necias, oídos sordos, pues muy sencillo,