Llevo toda la mañana reunida con un grupo de madres con hijos disléxicos, todas maravillosas y con muchas ganas de cambiar el mundo. No se si somos tan ambiciosas de pretender cambiar el mundo en un sentido amplio pero si de cambiar el mundo de nuestros hijos. Todas estábamos preparando la presentación a la prensa de la Asociación Madrid con la Dislexia, teníamos que ver el mensaje que queríamos transmitir y como hacerlo. El mensaje era básicamente uno, somos unas madrazas y queremos algo mejor para nuestros hijos disléxicos. Madrazas, si, madrazas con ganas de luchar no solo en el día a día de nuestros hijos, con sus deberes, exámenes, autoestima y su largo etcétera. No, madrazas pues además de abrazar todas las tardes a nuestros hijos y ayudarles en sus múltiples problemas, queremos cambiar algo más en nuestra sociedad, queremos que la dislexia deje de ser un problema, queremos un mundo mejor.
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26 noviembre 2013
La perseverancia y la determinación son grandes aliados.
Llevo toda la mañana reunida con un grupo de madres con hijos disléxicos, todas maravillosas y con muchas ganas de cambiar el mundo. No se si somos tan ambiciosas de pretender cambiar el mundo en un sentido amplio pero si de cambiar el mundo de nuestros hijos. Todas estábamos preparando la presentación a la prensa de la Asociación Madrid con la Dislexia, teníamos que ver el mensaje que queríamos transmitir y como hacerlo. El mensaje era básicamente uno, somos unas madrazas y queremos algo mejor para nuestros hijos disléxicos. Madrazas, si, madrazas con ganas de luchar no solo en el día a día de nuestros hijos, con sus deberes, exámenes, autoestima y su largo etcétera. No, madrazas pues además de abrazar todas las tardes a nuestros hijos y ayudarles en sus múltiples problemas, queremos cambiar algo más en nuestra sociedad, queremos que la dislexia deje de ser un problema, queremos un mundo mejor.
16 febrero 2013
Soy disléxico, pero soy un niño normal.
Un reto que hemos tenido en nuestra casa desde el principio, es el que nuestros hijos sean normales. A pesar de tanta terapia y de ser todos disléxicos, hemos intentado mantener el humor y ver todo normal. Tanto lo hemos intentado, que mi marido y yo vemos nuestro caso de tantos hijos disléxicos como algo normal. Nos reímos cuando vemos las caras y los comentarios de la gente al enterarse de nuestro caso.
Creo que en esta parte de la dislexia el que ha tenido el papel más importante para lograrlo ha sido mi marido. Quizás sea que al ser el disléxico no le ha dado ninguna importancia, quizás sea que tiene un carácter mucho más pausado y tranquilo que yo, sabe "normalizar" las situaciones extraordinarias. No lo se, lo que es cierto es que esos días de desesperación delante de los deberes, esas tutorías donde el profesor te dice una lista larga de problemas de tu hijo, esas semanas donde no ves el final del túnel; el siempre sabe quitarle importancia y verlo todo de una manera muy objetiva. Siempre me dice que ni tan malo como nos lo pintan, ni tan bueno como otras veces nos dicen.
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