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07 febrero 2013

Dislexia: Cuando los pequeños logros que son grandes triunfos.




Aunque suene a típico mensaje de autoestima o autoayuda. Es verdad, que cuanto más estás volcada en el día a día, cada logro por pequeño que sea, lo recibes con tanta alegría, que al final es un gran triunfo. Como os he ido contando en estos días empecé a descubrir este mundo hace varios años, pues bien hoy sigue siendo el día que me sigue pasando lo mismo.

El año que Fernando empezó la terapia al principio tardaron un poco en aparecer los pequeños logros. Pero todavía me acuerdo del primero: " murciélago". Sí, por tonta que parezca esta palabra, el libro de lectura de mi hijo trataba de una bruja que se llamaba Frisapla y su amigo el murciélago. En español es una palabra difícil, que a todos mis hijos se les atraganta, dicen " murciegalo". En francés se dice "chauvesouris" que se traduciría como ratón calvo. ¡Bueno! pues algo que parece tan sencillo, no lo fue. Nos costó casi toda la semana decodificar la palabra. Fue un palabra que simplemente se le atascó, nos involucramos todos tanto que hasta el padrino de mi hijo, que es calvo se hizo una foto con él y se la puso en su cuarto para que viese la calva y no se le olvidase la palabra. Todavía está la foto en casa y me río cuando la veo. Al cabo de los días salía Fernando del colegio con una sonrisa tan maravillosa, había leído en alto, delante de la clase y Amaya, su profesora le había dado la enhorabuena. Lo primero que me dijo . "Mamá no me ha pasado nada al leer "chauvesouris". No me he parado, lo he hecho del tirón"¡ Estaba tan contento! había ganado un smilie en clase. Cuantos más smilies, mejor. El que  conseguía un cierto número de smilies le regalaban un lápiz.  Era el primer triunfo de mi hijo. Yo no os lo puedo decir, estaba que no cabía dentro de mí. La profesora que sabía todo el esfuerzo que conllevaba el leer esas dos líneas en alto, salió para decirme que Fernando era un campeón.A mi me faltó tiempo para coger el móvil y llamar a mi madre a contárselo, y a continuación claro está a mi tío Paco que es el padrino de mi hijo. Esa tarde mi hijo se sintió el campeón de las letras

Así es cada semana o mes en mi casa. Cada pequeño logro nos supone un triunfo. Como ese puedo contaros de cada uno de mis hijos muchos. Los más celebrados son los de ortografía pues estamos acostumbrados a tantos ceros, hemos llegado incluso a menos cuarenta sobre veinte. En el sistema francés la mayoría de las notas son sobre veinte. Tanto es así, que incluso celebramos los ceros, pues hay distintos ceros, no es lo mismo un menos cuarenta sobre veinte que un cero sobre veinte. Esto parece obvio pero yo no me di cuenta, hasta que un día apareció uno de mis hijos con un cero y la profesora ponía un bravo, no solo eso, sino que además en mayúsculas. Yo le contesté que no entendía muy bien el comentario, que era un cero. Ella me contestó que no todos los ceros son iguales y que algunos se tienen que celebrar. Ella no podía aprobar a mi hijo pero si valorar su esfuerzo y celebrar el avance.  Esta señora se llama la Sra. Flambard, que deciros que suspendió a mi hijo casi todo el curso en su clase de lengua, pero sus comentarios le animaban y le valoraba tanto su esfuerzo, que no mirábamos la nota. Al final del curso aprobó justito, pero aprobó. Para nosotros ese aprobado fue más que un triunfo, fue una victoria triunfal.

Han pasado los años y seguimos igual, mi hija Ana me llamó el otro día en la hora del recreo. No entendía nada, creí que se le había olvidado algo o que estaba mala. Cual fue mi sorpresa que al descolgar el teléfono me dijo entusiasmada que había sacado un notable en el dictado. Llevábamos todo el curso suspendiendo los dictados y no solo había aprobado, sino que encima había sacado nota. Tiene ya catorce años, pero para ella era una recompensa tan grande esa nota, estaba tan orgullosa de si misma... Como madre creo que este logro de Ana ha supuesto para ella no solo su gran triunfo, sino su gran triunfo en ganar seguridad en si misma. Es muy buena estudiante, sobre todo en ciencias, excepto la parte de geometría que le cuesta más. Eso de la espacilidad para ella casi no existe. Pero conoce sus puntos débiles, sabe sus dificultades en ortografía y ello le crea muchas veces inseguridad, limitándole su rendimiento. Yo estaba en la cola de la farmacia, la gente se debió de creer que mi hija había aprobado notarías, pues yo no paraba de darle la enhorabuena y de felicitarla. Al colgar pensé que cualquiera se reiría de la situación, pero yo esa mañana fui feliz, y no os cuento mi hija.

Por eso hay celebrar al máximo cada pequeño logro. Ya se que si los comparamos con el resto de la clase pueden ser vistos como algo normal. Pero para nosotros no es normal, es un esfuerzo y el logro es su recompensa. Si encima tenemos la suerte que nos toquen profesores buenos, que ayuden y valoren ese esfuerzo, entonces tenemos el éxito asegurado. Hay que disfrutar de esos logros, porque no es menos cierto que van acompañados de muchos pequeños fracasos, que hay que intentar minimizar al máximo y que pasen lo más desapercibido posible para no dañar la autoestima del niño. Pero ojo, eso no quita que cuando tu hijo no hace nada, vaguea o se relaja demasiado, se le regañe como a cualquier otro niño y se le exija un rendimiento escolar. Mantener ese equilibrio no siempre es fácil. Como todo en la vida siempre hay algo positivo, estos fracasos y caídas constantes son una lección muy buena para nuestros hijos. Muchos otros niños entran en la universidad sin haberla a aprendido. Nuestros hijos saben que hay que caerse muchas veces, reírse y volver a levantarse. Que a veces aunque uno estudie mucho un examen la nota no va a reflejar el esfuerzo, incluso puedes suspender, pero que hay que seguir trabajando. Estas lecciones de inteligencia emocional, no se enseñan en los libros, te las enseña la vida y ellos la aprenden antes de tiempo. El día de mañana eso que llevan aprendido respecto al resto. ¡Alguna ventaja tenían que tener!


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