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10 febrero 2013

La dislexia: distintas caras de una misma moneda.




No siempre ocurre que no haya uno sin dos, pero en mi caso así fue. Como ya os comenté, tras el diagnóstico de mi primer hijo, me volqué de lleno en él. El tercero de mis hijos, Pelayo había empezado la guardería, tenía dos años y no hablaba. No hablaba nada, pero siempre te cuentan de algunos niños que no han hablado hasta muy tarde, que en cambio cuando rompen a hablar hablan del tirón. Yo, tengo que decir que no me paré ni un minuto a pensar que le pasaba algo.

Pelayo era un niño que a diferencia de sus hermanos no le gustaba nada ir a la guardería y ello suponía una pataleta diaria en la puerta. Así como Fernando era muy dócil, este tenía mucho genio. Justo antes de navidades una tía mía se llevo a los niños a ver belenes, al volver a casa me dijo que debería de preocuparme por Pelayo. No era normal que no hablase nada. El lunes siguiente, al ir a terapia se lo comenté a la pedagoga. Me buscó un hueco y el miércoles por la mañana lleve a  Pelayo a que le viesen. Efectivamente, mi hijo necesitaba ayuda. No hablaba nada. Tenía un retraso en su vocabulario, no era nada importante, pero si que necesitaba logopedia. Así que empezamos con el más difícil todavía. Mientras Fernando hacia su terapia en el centro que duraba unos tres cuartos de hora, yo llevaba a Pelayo a a casa de la pedagoga, para que le hiciese la logopedia a Pelayo.¡Por lo menos coincidíamos en días!

Al principio las pataletas eran tremendas, no se quería quedar, lloraba y se agarraba a la puerta. Pero según fueron pasando los días, los avances fueron evidentes Pelayo empezó a hablar. Su carácter se fue suavizando, empezó a poder comunicarse. ¡Que logro!gran parte de su carácter, de su cabezonería y mal genio venían de la falta de comunicación. No podía expresarse, no podía hablarnos. Los progresos fueron muy rápidos, en pocas sesiones dio un cambio radical.

Puede parecer de cara al exterior fuese una histérica, pero todo niño tiene que empezar a hablar de dos a tres años, normalmente de manera progresiva, es necesario que vaya adquiriendo ciertos conceptos. Por ejemplo los contrarios,: alto/bajo, lento/ rápido... que empiece a conjugar mal los verbos, pero que los vaya adquiriendo. Pero sobre todo es necesario que se socialice, que pueda expresarse y participar en el juego de sus compañeros, hermanos etc. Pelayo mi hijo estaba, en cierta manera, "aislándose" y eso no le gustaba. Le creaba una insatisfacción, que solo sabía expresarlo mediante sus pataletas. Cualquier adulto podría haber interpretado esas pataletas como mala educación, caprichos o celos. Pero en verdad era una manera de llamar su atención, de decirnos que algo no iba bien.

Al principio creímos que el tema del habla no tenía nada que ver con la dislexia. Más tarde, con el paso del tiempo vimos que la dislexia se puede presentar de muy diversas formas, no tiene porque tener un mismo patrón. Cuando se habla de dislexia, se habla de dificultad en el aprendizaje, hay quienes la llaman " Madre de los Problemas de Aprendizaje".Es cierto, ninguno de mis hijos han presentado un mismo patrón en lo que se refiere a los síntomas de la dislexia. Estaba claro que a Pelayo su primer problema de aprendizaje como disléxico fue el lenguaje. Era necesario que la adquiriese en el momento oportuno, para prevenir problemas futuros, o por lo menos disminuirlos. Cuanto antes hablase menos problemas de comprensión, de estructura del lenguaje tendría. Esto no quiere decir que todo aquel que tarde en hablar es disléxico.

Gracias a tener un hermano ya diagnosticado como disléxico, el se benefició de empezar muy pronto con las ayudas. Por ello, se ha encontrado con muchas menos dificultades de las que se debería de haber encontrado de haber tardado más en ayudarle. Además su curiosidad, intuición y perspicacia le han ayudado a ir solucionando los problemas derivados de la dislexia. Al principio creímos que eran rasgos propios de él, con el tiempo vimos que son rasgos muy típicos de los disléxicos, que hacen que sean niños con mucha más habilidad que el resto. Estos rasgos le han ayudado a llevar su dislexia como algo natural, como el que tiene gafas porque no ve bien. El ve desde muy pequeño como algo normal la dislexia, no tiene ningún reparo en decirlo nada más entrar en clase. En cuanto ve que no le sientan en primera fila, explica sin ningún complejo que es disléxico, que necesita sentarse delante para concentrarse.  

Pelayo nos fue enseñando en paralelo otra cara de la dislexia, distinta a la que presentaba Fernando, pero al fin y al cabo dislexia. Así como los hijos, por mucho que se puedan parecer entre ellos no hay ninguno igual, con la dislexia ocurre lo mismo, cada una es genuina en su forma.


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