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07 octubre 2013

Los padres de los niños disléxicos



 El otro día vi un vídeo muy bueno, en el decían que cuando uno tiene problemas debe de compartirlos. Debe de compartir con los demás sus miedos, sus inquietudes y desahogarse. Uno no puede ir toda la vida llevando sobre sus espaldas un peso sin que nadie lo sepa, es más, a veces los demás se creen que no lleva peso alguno. Para eso debe de salir si hace falta a la calle buscar ayuda, gritar y hacerse notar, hasta que alguien se pare, te mire, te escuche y por lo menos te intente comprender o por lo menos consolar. Pues eso creo que nos pasa a los padres de niños con dificultades de aprendizaje y como no con dislexia. Aparentemente no es un problema que los demás vean que es un problemón que pesa, no la gente lo más que ve es que tu hijo no va bien en el colegio. Pero tu como padre no te sientes así, los de fuera ni se imaginan todo lo que sientes. 

Si acaso se lo llegan a imaginar, lo que no se imaginan es todo lo que luchas y batalleas en el día a día,con tu hijo para que funcione dentro del sistema. Con tu hijo para que se estudie un examen, para que visualice un concepto. Yo ayer domingo eran las diez de la noche y no había manera de aprendernos los poderes del faraón de Egipto. Gracias a que encontré en las fichas un dibujo del faraón con todos los símbolos, mi hija vio la imagen, le explique cada símbolo, lo visualizó en su cabeza y para siempre archivado. ¡O por lo menos espero hasta esta tarde que se examina! Sigues batalleando en tu día a día con los profesores, con los conceptos abstractos, con su adolescencia, con su stress por no saber coger bien apuntes, por cuadrar los horarios, por acordarte de hacer los ejercicios de repaso del logopeda, por tantas y tantas cositas que hacen que esto sea agotador.


En otro artículo hablaban de " battle fatigue", es decir del cansancio de la batalla o mejor dicho del luchar diario. Una lucha que hace que muchos días te sientas frustrada, que otros no tengas esperanza, parece como si tu hijo fuese a estar de por vida escolarizado, como si la historia no tuviese final. Es difícil educar a niños "atípicos" en una sociedad que presume de abierta, de innovadora, de ser sostenible, del conocimiento y en realidad es todo lo contrario. Es tan monótona, tan cerrada y tan simple que se convierte en la " típica sociedad desagradable " que nos hace que algo tan simple como ser distintos se convierta en una auténtica pesadilla.

Nosotros debemos de sentirnos bien, debemos de hacer como leí en un artículo, no solo un plan de ataque para nuestros hijos, debemos de hacer un plan de ataque para nosotros mismos. Para sentirnos fuertes, bien y que seamos capaces de transmitir toda esa fuerza y ese espíritu positivo a nuestros hijos. Depende todo tanto de la actitud que nosotros tengamos  respecto a la dislexia, a nuestro día a día y respecto a nuestros hijos, que ello hará que nuestros hijos sean capaces de luchar y de llevarlo de una manera mucho mejor. 

Es cierto que cuando por fin eres capaz de ver que tu hijo es distinto, que tiene problemas, que tienes un diagnóstico y que te informas o te empapas de todo lo que llega a tus manos sobre la dislexia,  te pones a trabajar con tu hijo, haces que tu vida gire entorno a la dislexia y focalizas todo en él. Eso no siempre es bueno, debemos de acordarnos de nosotros, debemos de compartir nuestros sentimientos y debemos de dejar de estar aislados en nuestro mundo diario: colegio, casa, deberes y logopeda, para pasar a notas, exámenes y los mil y un problemas derivados de la dislexia. Debemos de saber disfrutar del resto, de cuidarnos, de airear la mente y ser capaces de renovarnos. Es curioso que diga yo esto, que estoy totalmente "abducida" en mi vida diaria por la dislexia, los deberes y demás problemillas. Pero es verdad lo que digo y por ello prometo intentar airearme. No aislarme en mi micro mundo. El tutor de mi hijo el otro día me dijo que tranquila, que no me quemase luchando a diario con que estudie. Que es más importante mi papel de madre. Que para eso estaba él, que le llamase y que el se quemaría con la pelea del estudio. Yo casi me quedo muerta, con la cara de pasmada. Era la primera vez en mi vida que alguien me decía eso. Que me tomaba el relevo en el papel de malvada madre de adolescente. Creí morir de alegría, solo le falto preguntarme que como me sentía yo como madre, pero da igual solo con querer ahorrarme trabajo y el batallear diario, me sobra y me basta para ser feliz. ¡Viva el tutor! He tenido que esperar muchos años para que alguien se preocupe por mi, para que vea mi lucha diaria y para que se ponga en mi lugar. No se como se desenvolverá el resto del curso , pero con comienzos así seguro que todo va a ir bien.

Como no todos tenemos esa suerte de tener esos tutores, os animo a que salgáis a la calle a contar vuestra historia. Yo he ido a la Asociación de Madrid con la dislexia ,me he metido de lleno y espero que entre tod@s seamos capaces de ayudarnos.  Para que sepan como nos sentimos y para que nos ayuden y nuestra carga sea mucho más pequeña. Entre todos estoy segura que algo conseguiremos.... por lo menos para que nuestros nietos disléxicos tengan un mundo menos complicado.