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05 febrero 2013

En la dislexia a palabras necias, oídos sordos :¡viva la intuición!

Como dije ayer una vez que verdaderamente me enteré de la dislexia de Fernando empezó el largo camino. Poco a poco fuimos haciendo de la terapia una rutina en nuestras vidas. Igual que uno tiene clases de ingles o deporte nosotros teníamos Pilar. Así llamábamos nosotros la terapia pues era Pilar la que la impartía. A mi alrededor no tenía a nadie con el mismo problema que yo, todo el mundo creía saber que era la dislexia pero en verdad no tenían ni idea. No solo mi familia o amigos, incluso algunos profesores.

Por mi forma de ser soy muy habladora, cuando tengo un problema creo que contándolo a mucha gente termino por quitarle importancia y el problema reduce considerablemente su tamaño. Soy así, quizás sea mentira y en verdad no ocurra nada de eso, pero a mi me parece lo contrario. Por ello empecé a hablar de la dislexia de mi hijo a todo aquel que se me cruzaba, era mi monotema. Empecé a la vez a leer mucho y a informarme sobre ello. Cuando os digo que hablo mucho es que hablo de verdad. Como desde que empezó la terapia las personas que veía más a menudo eran Pilar y otras pedagogas del centro, pues imaginaros todo lo que hablaba cada vez que íbamos a la terapia. Les preguntaba mis dudas, me informaban de los pequeños avances de mi hijo, me recomendaban lecturas,pero sobre todo me calmaban, me tranquilizaban y le quitaban toda importancia al tema. Era maravilloso pues más que enseñar a mi hijo, me enseñaban a mi a ser madre, a tratar el tema con naturalidad y a no desesperarme. Fueron un gran apoyo.

Os preguntareis el porque de a palabras necias, oídos sordos, pues muy sencillo,
 mi vida empezó a girar entorno a los horarios de la terapia, sus ejercicios y los deberes. Prácticamente la rutina diaria de mi casa dependía de ello. Como en España somos como somos empezaron las múltiples opiniones de la gente más cercana a mi. Siempre suele hablar el que menos sabe del tema. Yo me atrevería a decir que a pontificar. La mayoría de los comentarios eran duros pues en vez de animarte hacían el efecto contrario. Que menudo sacaperras,; que menuda exagerada; que que tontería era eso de la dislexia; que estaba volcada en mi hijo y no me daba cuenta que tenía más... y así os podría dar un largo etcétera.Había incluso quien me decía que en Madrid no teníamos otra cosa que hacer que ir al pedagogo, yo en aquel entonces con cuatro hijos, os aseguro que se me ocurrían mil cosas que hacer antes que ir a terapia. Incluso que pobre mi marido, que le tenía que hacer más caso. Es curioso porque en cambio mi marido no decía nada de eso. Todo ello cuando tu estas dando todo tu tiempo por sacar con la más absoluta normalidad adelante a tu hijo, duele. Sobre todo, duele de la gente cercana a ti y, que decir cuando es familia. Pero como soy cabezona y testaruda, lo único que tenía claro es que estaba haciendo lo correcto. Mi suegra me decía que una madre siempre se tiene que guiar de su instinto sobre su hijo, que aunque todo el mundo piense lo contrario, tu sigas tu instinto. Eres madre y tu instinto sobre tu hijo no lo tiene nadie. Así fue como me deje guiar por mi instinto e hice oídos sordos de los comentarios. Seguí mi camino, hoy tras diez años me alegro de mi decisión, pues el tiempo me ha dado la razón.

 Tengo que decir que a su vez mi madre y otras muchas personas, sobre todo los profesores del colegio me animaron constantemente. Me facilitaron la vida, que no es poco hoy en día para cualquiera, y más para una madre con muchos hijos. En aquella época yo me pasaba la mitad del día de un lado a otro en el coche, llevando y trayendo niños. Ejemplos de facilitar la vida eran detalles como que el colegio me dejaba sacar a mi hijo unos minutos antes para no pillar atasco de salida e ir más rápido.Otro ejemplo fue que durante los años que tuvo cuatro sesiones semanales de terapia me dejaban sacarlo en horas de clase para que tuviese las tardes más descargadas y tuviese tiempo para jugar. Otro ejemplo era mi madre como mi sustituta cada vez que yo no podía ir, o en casa cuando yo no estaba, ella hacía los ejercicios de la terapia con él. 

Tarde tras tarde en el centro de terapia me hice mis amigas de la sala de espera, tras vernos todos los días terminamos por conocernos e intercambiar opiniones. Eso me ayudó a ver que había mucha gente igual que yo e incluso peor. Una cosa teníamos en común, a todas nos pasaba lo mismo sobre los comentarios necios, pues todas hablábamos de ello. Todas al inicio de las terapias, tuvieron mucho apoyo pero a su vez mucha incomprensión de la gente más cercana. Es por eso que me he decidido hoy a escribiros sobre ello. Muchas se quejaban de la incomprensión por parte del colegio, de la falta de ayuda y de no querer colaborar. Yo tuve suerte y tengo que decir que en mi caso fue todo lo contrario. Pero muchos profesores y colegios hacen mucho daño a los padres. Primero negando el problema, cuantos padres llegan diciendo que sus hijos son disléxicos al colegio, el profesor e incluso el orientador dicen que no es cierto. Que es cuestión de que el niño es disperso, distraído o un leve retraso. Los padres con el informe del pedagogo, que es el especialista, y el profesor sigue negándolo, no solo no ayuda, sino que no ve el problema. Luego en el aula, como el niño no suele ir bien, el profesor se desespera pues retrasa el ritmo de la clase y lanza comentarios poco acertados al niño. No es que le insulte pero si que le hace daño simplemente con no ver el problema o no entender las dificultades por las que está pasando. Por eso muchos niños disléxicos al inicio tienen tics nerviosos. Están nerviosos, estresados y no se sienten bien. Cada día estar en clase sentados viendo letras y más letras, palabras y textos es una tortura para ellos. Por no hablar de la geometría y de las dichosas figuras simétricas, que les cuesta tanto entender. Si encima el profesor no empatiza con el niño, pues un problema más añadido. Yo conozco casos que la autoestima del niño ha sido muy dañada por culpa de un mal profesor. ¡Ayuda tanto la comprensión y la empatía del entorno! No solo a los niños, sino también a los padres.

Por eso os digo, que si pensáis que vuestro hijo tiene problemas, seguir vuestro olfato hasta el final, lo más es que os tachen de histéricos o exagerados, pero da igual los necios son ellos. Además no estáis ayudando a su hijo, sino al vuestro. Si consideráis que no está bien llevado o que algo falla, hablarlo con quien sea, darles todas las vueltas posibles hasta estar a gusto y tranquilos, sabiendo que estáis haciendo lo correcto. Pensad que los primeros años son muy importantes para sentar las bases, para ayudar a prevenir futuros problemas. La dislexia bien llevada, bien tratada, deja de ser un problema para convertirse en un mero incordio, sin tener que darle mucha más importancia.


[tags] dislexia, disléxico, incomprensión, madre, empatía[/tags]