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02 noviembre 2016

Cuando estás donde siempre quisiste llegar.

Otra parte de mi vida.

Mi vida, tu también eres mi vida, eres una de esas seis vidas que dan sentido a mi propia vida. Ya se que las cosas no siempre llegan cuando uno quiere o lo desea, a veces ni llegan. Ni tan si quiera este post que llevo meses prometiéndote. Mentalmente lo he escrito mil y una veces desde la primavera pasada. Pero era difícil no solo para ti, también para mi gestionar tantas emociones.

Cuando ves que tu niña del alma lleva toda su vida luchando para llegar donde ella considera que debe de estar; cuando se marca objetivos altos y ambiciosos y tu misma dudas de si podrá alcanzarlos, el miedo te invade. Es curioso, pues me invade a mi como madre que no he luchado ni la mitad que tu, que no era mi vida aunque lo sentía como un trozo de mi misma lo que estaba en juego. Sabiendo lo que puede hacer el miedo, como se contagia y como se propaga, no quería hacerlo crecer, no quería ni escribir, ni moverme , ni respirar, solo quería que pasasen los meses , que la vida te diese la oportunidad de estar en donde querías llegar y de verte feliz. En el fondo tenía miedo de verte sufrir.

Ahora si que puedo escribir, puedo decir que aunque el estrés, el miedo, la angustia y el llanto estuvieron presentes en nuestras vidas el año pasado, ahora todo ello se ve recompensado. Eres afortunada, llegaste donde te propusiste. No todos tienen esa suerte. Nadie se imagina que con dislexia se puede llegar a medicina. Nadie se imagina el esfuerzo y los sacrificios que llevas desde pequeña haciendo. Nadie se imagina las horas y horas de trabajo, de caerte y de volver a levantar, de disciplina y de lucha que ha supuesto estar en primero de medicina. Nadie se acuerda del sufrimiento de tu primer dictado en el colegio. Todos creen que eres muy inteligente, que venían del cielo todas esas notas y pocos veían lo que había detrás. Por ese miedo, por no querer meter mas presión, ni más estrés, por la incertidumbre de no saber que iba a pasar, por la ansiedad de verte estudiar y estudiar a todas horas, por miedo a hacerte daño, por todo ello decidí protegerte una vez más. No escribiendo era mi manera de no llamar la atención, de no interferir más en tu vida, de cruzar los dedos, de confiar en que la vida es justa y que era tu vida. Tú y solo tú tenías que decidir, tenías que apostar y asumir los resultados. Pero ahora si que puedo escribir , sin miedo a nada, con el orgullo de ser tu madre y de verte tan feliz.

Claro que me siento orgullosa de ti, de que estés en medicina, de tus logros y esfuerzos. Pero lo que verdaderamente me enorgullece es verte a ti feliz. Verte enamorada de tu carrera. Con una confianza plena en tus capacidades. Agradecida con la vida y las oportunidades que te han brindado. Deseando ayudar a los demás. Orgullosa de ti misma y de tus decisiones, de haber navegado contracorriente muchos años. De haber luchado contra ti misma, contra tus nervios, tu afán de perfeccionismo, tu inseguridad y miedo de ti misma. Por ser sincera y no querer ocultar las dificultades y piedras que te encontrabas. Por ser capaz de reconocer tus sentimientos y emociones. Por querer vencer todas esas barreras. Por poner tanta pasión, cariño, afecto y gusto en el hecho de aprender, de aprender a vivir y a luchar por tu vida. Por creer en ti misma. Por todo ello, por tu sonrisa y tus lágrimas, por tu cariño y esfuerzo, por ser como eres te adoro, te quiero y me siento orgullosa de ti.


Solo decirte que lo que te queda por delante es duro y largo, que no desesperes. Que te quedan muchas horas de estudio, trabajo y esfuerzo. Pero estoy segura de que serás una gran médico. Que te sentirás feliz en tu trabajo. No te olvides que aprender es siempre sinónimo de descubrir. Que uno aprende aprendiendo a vivir con los demás. Que para aprender necesitamos la cabeza, el corazón y el cuerpo. Pero sobre todo no te olvides de que lo que “el corazón aprende hoy, la cabeza lo aprenderá mañana.”

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