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01 febrero 2013

De vuelta a empezar....el camino de la dislexia






La semana pasada al ir a recoger a mi hija la pequeña al colegio el profesor me dijo que si tenía un minuto para hablar con él.  Sonreí para mis adentros y ya me olí por donde iban a venir los tiros. Era algo que mi marido y yo presentíamos, pero confiábamos que fuese simplemente una obsesión nuestra. Al parecer no éramos los únicos en ver que nuestra hija empezaba a tener problemas, nada grave pero algo sucedía.

Mi hija cumplió tres años en diciembre, es la pequeña de seis hermanos, y se escolarizó en septiembre del 2.012 por primera vez. Su profesor conoce a todos sus hermanos , a la mayoría de ellos los ha tenido como alumnos, por lo que tiene mucha confianza conmigo y conoce la dislexia de mis otros hijos. Muy brevemente me dijo que necesitaba ser evaluada por un logopeda, que dados los antecedentes de sus hermanos sería conveniente descartar posibles problemas, mi hija habla mal con respecto a los niños de su edad.  No era nada nuevo, en casa ya nos habíamos dado cuenta de que no hablaba bien. La entienden sus hermanos, nosotros a veces y claro está en el colegio menos todavía. Es incapaz de contarnos nada de lo que ha hecho en el colegio y si lo cuenta no nos enteramos de la historia. Creo que carece de cualquier estructura en el discurso, ni tan siquiera la mas mínima, su vocabulario es escaso y la estructura de la frase es rara. A ello le sumamos que tiene la lengua de trapo, que creo que confunde sonidos y que le cuesta mantener la atención. Ya se que pensareis que es muy pequeña, que solo tiene tres años.  Ya, pero todo lo que digo sobre ella es siempre comparándola con niños de su edad.  

Histéricos no debimos de ser, pues el profesor notó lo mismo. Además todo ello le dificulta su integración en el aula con sus compañeros, no es capaz de mantener el juego con el resto, va como una mariposa de un sitio a otro, está con todos pero con nadie.

Lo primero de todo fue empezar a buscar logopeda,
la que trató a mis hijos estaba jubilada. Si jubilada, llevo trece años trabajando con mis hijos, el tiempo pasa y la gente se jubila. Ya se que no pasa nada, en Madrid hay muchos especialistas. Pero empezar de nuevo cuando todavía no he acabado con el resto, cuando sigo todas las tardes ayudando con los deberes, haciendo los ejercicios de estimulación visual de dos hijas mías y llevando y trayendo niños, es algo que me causa mucha pereza. Otro problema añadido, es establecer de nuevo una relación con un nuevo logopeda, conocerla, que nos conozca y que me de confianza. La confianza es muy importante, ya que todas estas terapias son una carrera de fondo, donde los resultados se obtienen a largo plazo. Donde hay semanas que uno se estanca y no avanza. Donde uno se cansa de ir semanalmente al gabinete, y encima esperar dando vueltas por la calle, haciendo recaditos por esa zona, hasta que acaba tu hijo. A ello le sumo los ejercicios que suelen mandarte para reforzar lo trabajado en la consulta. ¡Total! cuando una lleva trece años y es tu sexto hijo te causa una sensación de nunca ver el final del túnel, de cansancio...que lo mejor es tomárselo con humor, escribir un blog y desahogarse. Como comprobareis esto es lo que estoy haciendo.

Como todo en esta vida siempre hay algo positivo. Esta vez tengo que decir que mi marido se ha involucrado desde el primer momento. Algunos podréis pensar que ya era hora, van seis hijos. Otros diréis que menuda exagerada o que no pasa nada. Desde luego que no es nada grave, pero se agradece compartir el problema. Siempre he trabajado con dos especialistas con mis hijos, uno en español y otro en francés. Su colegio es bilingüe y esa es la única manera de tener resultados. Ello me ha servido para ver las distintas formas de trabajar de los franceses y nosotros, los pros y los contras. Otro día escribiré de ello. Creo que es muy interesante. De vuelta al tema de hoy, mi marido solo conoció al logopeda francés, solo lo vio un día con mi hijo el mayor, y eso porque Daniel, el logopeda francés, insistió mucho.La entrevista fue escueta o corta, mi marido solo contestaba a las preguntas, fue poco expresivo, yo diría que lo interpretó como un mero trámite para que yo le dejase de dar la lata. La pedagoga española tras tratar a varios hijos nuestros, en distintos años , se jubiló y no sabe como es mi marido físicamente¡ Jamás se vieron!Por eso nunca se imaginará Cristina, la nueva logopeda, el gran avance a nivel familiar que hemos logrado. Mi marido vino a la entrevista, no solo vino, sino que habló y participó de manera activa . Hace trece años esto hubiese sido impensable, tras todos estos años ha visto como han ido trabajando con nuestros hijos, como han ido teniendo unos resultados y sobre todo se ha dado cuenta que verdaderamente nuestros hijos tenían problemas. Fernando, mi marido, es disléxico, pero en su época eso no se trataba, ni siquiera se diagnosticaba, el que lo era no sabía ni siquiera que lo era. El lo descubrió cuando se puso a hacer los ejercicios del logopeda con nuestra hija Ana y vio que era incapaz de hacerlos. Entonces empezó a reflexionar y se dio cuenta que era disléxico. Tengo que decir que con mucho mérito, pues él solo se buscó sus caminos para solucionar sus problemas. Su constancia y tesón le llevaron a acabar su carrera y hablar ingles y francés. Todo ello "sólo solito sólo", sin pedagogos, ni logopedas, sin apoyo escolar. Entonces es fácil de entender que para él la dislexia era algo que no era para tanto, el sólo fue capaz de solucionarlo y no le daba ninguna importancia. Bueno, pero ya hemos conseguido cambiar algo, mi marido es plenamente consciente de la dislexia, de lo importante que es la terapia y cree en los logopedas. Ve que los padres somos una pieza esencial, que tenemos que involucrarnos y que no se puede dejar en manos de terceras personas. Es esencial el apoyo de los padres, el hacer el seguimiento, el servir de comunicadores entre el colegio, el logopeda y la vida en casa. Somos los que conocemos el día a día de nuestros hijos en estos tres ambientes. Por ello somos el nexo de unión entre todos, si hay un problema debemos de comunicarlo a la otra parte, así la ayuda será inmediata y tendremos mejores resultados. Durante muchos años este trabajo lo he hecho yo sola sin poderlo compartir con mi marido. El no lo veía, no veía la importancia de que yo me involucrase tanto. Me respetaba, pero no participaba. Hoy le doy las gracias, pues ha cambiado, se ha sensibilizado con nuestro problema y participa activamente en ello.

Esta mañana he llevado a Macamen mi hija a su primera sesión para que la evalúen. Iba muy contenta, con sus coletas y su media lengua. Yo he vuelto a esperar fuera, a darme una vuelta por la zona, conocer la cafetería más cercana y en unas semanas veré que recados puedo solucionar mientras espero....Como dice la canción de Pablo Alborán." Tengo que aprender a conformarme con lo que la vida me da.... volver a empezar de cero..."


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