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25 abril 2013

Imagina, imagina un mundo mejor para la dislexia....



 Me encanta correr, llevo diez años que mi placer secreto consiste en ponerme mis zapatillas, mis cascos y correr. No os creáis que soy una deportista nata o que me dedico a los maratones. Aunque tengo que confesar que una meta mía es ser capaz de correr una media maratón. Pero los años pasan... y creo que va a ser un sueño no logrado. Mientras corro me evado y sueño despierta. Me encanta imaginarme cosas, situaciones y curiosamente a veces esos sueños se cumplen.

  Muchas veces me he imaginado el siguiente sueño. No os riáis, pues puede que se cumpla, pero de verdad que lo he pensado muchas veces. He pensado que conseguía una cita con el ministro de educación y con la consejera de la comunidad autónoma. Los dos sentados en una misma mesa y me preguntaban sobre como gestionar la dislexia. Me decían que hablase libremente, que en cuestión de quince días todas las peticiones serían efectivas, que harían un decreto especial para las dificultades en el aprendizaje. Pero un decretazo, de esos que no dejan nada sin atar. Que el objetivo del mes era convertirse en el país pionero en esta materia.  Yo sentada, tan tranquila empezaba a pedir mi lista de deseos y ellos muy aplicados no paraban de escribir todo, y lo que es mejor de asentir diciendo que estaban de acuerdo.

  Pedía un registro único en el ministerio de educación, donde una vez diagnosticado un niño y establecidas sus adaptaciones quedasen recogidas. De manera que cada vez que el niño cambiase de centro de educación, de comunidad autónoma o simplemente de director del centro, pudiese pedir copia al registro de su expediente y eso valiese para todo. Que tuviese la misma fuerza que un acta notarial. Todo el mundo lo diese por válido, sin dudas, ni reticencias, y claro está, tuviesen obligación de cumplirlo. ¡Que gusto! solo pedir un certificado y ya todo el mundo sabe como trabajar con mis hijos y que derechos tengo. Por supuesto que ese registro valiese también para la universidad. No nos olvidemos que uno es disléxico de por vida.

  Pedía que sin tener que reunirme con cada profesor, con cada director o tutor, se aplicase de oficio cada curso automáticamente todo, digamos que tuviesen un " trato preferente" o mejor dicho " trato VIP". Al fin y al cabo nuestros hijos son personas muy importantes, y como tales deben de ser tratados. Puede que así se evitase el que los calificasen de poco inteligentes, lentos, dispersos, vagos etc. Les verían como personas dignas de ser consideradas inteligentísimos. Y como soñar no cuesta, ello ayudaría a que no se avergonzasen de su dislexia, más bien se sentirían especiales, fantásticos y divinos. Incluso, estarían un poco orgullosos de ser como son.

  Pedía que verdaderamente se le concediesen los quince minutos de más en cada examen pero no tras pelearte con todo el colegio  y lograrlo en el mes de abril. No se lo darían desde el primer día de colegio. En caso de no habérselo aplicado, digamos que por despiste del colegio, por mala comunicación, pusiesen una medida con carácter retroactivo donde el alumno se viese beneficiado de uno punto y medio más en sus notas. Así quedaría subsanado el despiste o lo que fuese. Por supuesto que decir que sería el colegio de motu propio quien actuaría y te daría todo solucionado. Te lo harían de una manera tan agradable y simpática que tu sonreirías y no estarías estresada. Te daría incluso igual ir a las reuniones con el tutor o con quien fuese del colegio sola,sin tu pareja, pues sería todo con tanta amabilidad y delicadeza.

  Pedía que las pruebas orales tuviesen el mismo coeficiente o valor que las escritas. Hubiese el mismo número, o ya por pedir, mejor un tercio más de pruebas orales que escritas. ¡Que manera de poder remontar las notas malas! podrían nuestros hijos incluso tener sobresalientes en abundancia.

  Pedía  que se les diese un curso que acreditase que cada profesor que tiene a un niño de estas características en el aula, supiese como tratar y como enseñarles. No me vale que un profesor de primaria sepa y uno de bachillerato con tal de haber pasado el CAP o el master para ser profesor, se de por válido que saben. Os lo digo yo que he hecho el master, supuestamente es más completo que el CAP. No, deberían acreditar una formación en pedagogía o logopedia que cubriese este área de le enseñanza. Que decir que los profesores fuesen evaluados psicológicamente para ver si verdaderamente están capacitados y dispuestos a ayudar, que no quiere decir tener compasión o caridad, solo se pedimos empatía con estos alumnos. Pues bastantes problemas tenemos con estos niños, como para que te toque un profesor depresivo, con problemas personales y no totalmente en buen estado de todas sus facultades emocionales, pues te hace todo mucho peor. Puede que suene exagerado, pero a mi me ha pasado y no solo una vez, incluso dos. Sí, sí y os aseguro que encima de lo que te toca de por si, encima tienes que lidiar con los cambios de humor del profesor. De manera que igual que yo tengo que acreditar cada año que mi hijo es disléxico, ellos me acrediten que tiene experiencia y conocimiento sobre estos temas.

  Pedía que los colegios tuviesen unos sistemas de comunicación con los padres y profesores muy transparente y rápido. Que pudiésemos ver todos los exámenes, que no nos pudiesen decir, como me dijeron a mi, que el examen de mi hijo era secreto departamental. Las notas de los niños no se leyesen en alto en el aula. ¡Os imagináis que cantidad de lágrimas tragadas se hubiesen evitado nuestros hijos!

  Pedía que en el día del examen escrito los dictados fuesen especiales, especiales para estos niños. ¿Suena raro? Pues en Francia ya lo hacen y funciona muy bien. Nosotros somos más listos que nadie, tenemos más colegios públicos bilingües que nadie, pero somos incapaces de hacer dictados para niños disléxicos. Que decir que solo se le evaluase la ortografía en las pruebas de ortografía, no en un examen de historia o ciencias.

  Pedía que hiciesen una campaña de información a los padres con estos problemas. Que nos informasen de como poder solicitar ayuda, que derechos tenemos y como hacerlos cumplir en el colegio. Todo ello sin miedo, sin represalias del colegio con tu hijo, sin malos comentarios y sin verte obligada a irte del centro por incomprensión.

  Y ya por pedir, pediría tabletas, nuevos programas especiales para estos niños, nuevas tecnologías... y todo aquello que me dijerais. Pero lo que pediría con carácter urgente e inmediato es una chequera con una cuenta corriente. En ella en vez de dinero habría paciencia, cariño, ganas de ayudar y de educar.  Podríamos firmar un cheque diario sin importe límite. Cada mañana mientras preparas a todo correr la merienda del recreo, repasas el examen, pones la lavadora, haces las camas, te pintas el ojo y le dices a tu hijo que tranquilo que lo importante es que se ha esforzado, que te da igual la nota, que tu ya lo has aprobado, le firmas un cheque por el importe que consideres oportuno, en función de la importancia del examen, del esfuerzo y del profesor. El niño al entrar en su clase se lo da a su profesor y recibe a cambio una dosis extra de lo que hayas pedido, todo ello rematado con una amplia sonrisa del profesor. Que seguro se vera inmensamente recompensada con la mirada, la sonrisa de satisfacción de nuestros hijos. Creo que no hay precio alguno para ello.

  Puestos a pedir, pediría que alguien que tenga que ver con el ministerio de educación, con elaborar las leyes  y con el sistema educativo, leyese este post. Pensase que es cierto todo lo que pido, que incluso añadiese más cosas a la lista, que seguro que se me olvidan y lo hiciese efectivo. ¿Os imagináis?


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