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03 diciembre 2013

Esto de la dislexia es demasiado estresante.

Me pongo a escribir a modo de terapia. Llevo unos días de locos, los que me seguís un poco creeréis que es por las Jornadas de Dislexia organizadas en Madrid. No, eso no es nada al lado de lo que me ha deparado la semana, y eso que estamos a martes y la semana empezó ayer. La semana con la dislexia de una de mis hijas está siendo un verdadero estres, que roza la angustia y llega a la desesperación. Por desgracia todas esas experiencias negativas y horrorosas no las vivo yo en primera persona, las vive una niña de once años. Eso es lo que me estresa el ver a mi hija, a mi niña, tener que sufrir tanto. Reconozco que es lo que más me duele en el alma.




Cuando uno es disléxico lleva una mochila a diario con más peso sobre sus espaldas. Se supone que el colegio te ayuda, pero se presupone que tu tienes que recordar día a día lo que supone ser disléxico y sus dificultades. Un niño se tiene que dirigir a diario a cada profesor para recordarle que necesita que le expliquen el enunciado, que la geometría no la ve como el resto, que se desconcentra fácilmente, que ayer lo entendió pero que hoy no se acuerda de como hacer el ejercicio, que por favor le deje en primera fila, y podría seguir escribiendo una infinidad de por favores que hay que recordar. Si a eso le sumamos que a la edad de once años dependiendo de tu carácter y de tu suerte con tus profesores en primaria, tu autoestima puede estar más que dañada, podemos imaginarnos lo que le supone a mi hija pasar cada mañana la puerta del colegio. Si encima lleva dos cursos aguantando a algún compañero que te hace la vida difícil, que se aprovecha de tus debilidades, que te hace daño a diario con comentarios hirientes sobre tus puntos débiles o dificultades, que nadie te entiende y que sufres más de lo debido... y que tus profesores no lo ven, pues todo ello hace una pelota de gran calibre que cuando estalla es como una bomba. Así fue, mi bomba estalló.

En plena explosión llevamos desde ayer. Cuando explota la gente se lleva las manos a la cabeza y piensan que hay que solucionar y ayudar. Tu piensas como madre que un poco tarde, que llevas tiempo avisando, que en verdad no has planteado más problemas o hecho más ruido, pues no querías enfrentarte al colegio, que tu principal preocupación era su dislexia y sus dificultades. Pero que duda cabe que cuando uno se siente débil, que cuando a uno le hacen sentirse inferior cada día, es "carne de cañón" para acoso escolar, mobing o bulling, me da igual el término que se utilice. Además los profesores ven en tu hijo la etiqueta de niño con dificultades, de niño con dislexia pero no ven la de niño que sufre más de la cuenta, niño vulnerable, niño sufridor y niño expuesto a todo tipo de burlas o comentarios, no solo por parte de los niños, también de los profesores con sus comentarios inoportunos, su mirada o su lenguaje corporal. A veces no hace falta palabras basta un gesto para fulminar a un niño. Pues esta es la historia de mi corta semana. Niña con dificultades, niña que se esfuerza, niña que necesita una estabilidad emocional para seguir en su lucha diaria recordando a cada adulto y profesor del colegio como es su dislexia, y niña objeto de burla por parte de algún compañero. Cuando tu hija se defiende y la pillan, se lleva la bronca. Estoy de acuerdo, no puedes responder pegando o escribiendo correos hirientes, pero cuando estás al limite, cuando te llevan machacando y nadie te hace caso... uno explota. Ha tenido que explotar para que la miren y le hagan caso, para ver su daño y para verla llorar. Un poco tarde... el daño está hecho. Una vez más vuelta a reinventarte esta tarde como madre creadora de sueños e ilusiones, un tu puedes, vamos a reírnos del mundo y déjame que te cure tu autoestima. Haremos cena en casa, nos reiremos de todo lo ocurrido, sacaremos grandes dosis de humor, muchos achuchones y un no pasa nada. 

Pero como madre cuando me acueste esta noche veré que si que ha pasado mucho, he visto a mi hija destrozada, la he visto sufrir más de la cuenta. Eso como madre duele, duele y duele mucho. Que deciros que cuando he salido a las once del colegio, cuando he hablado con todo el mundo, he cogido mis zapatillas y a correr... necesitaba desahogarme, necesitaba desconectar. Yo he tenido esa suerte, pero mi hija tiene que aguantar el tipo hasta las cinco .... para entonces yo ya estaré en plena forma, decidida a que pasemos una muy buena tarde en familia. ¿Los deberes? Para otro día, hoy mi importa su ánimo y su corazoncito


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