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09 diciembre 2013

Dislexia y cariño


Dicen que un disléxico suele tener problemas identificando sonidos y fonemas, dificultades diferenciando sonidos, dificultades en la lectura, esta idea parece que poco a poco va calando en la comunidad educativa. Recientemente Boets, en la Universidad de la Lovaina en Bélgica ha podido demostrar que la actividad cerebral de un disléxico en el ejercicio de estas funciones es distinta a la de un no disléxico. Siempre hablan de que los disléxicos tienen las conexiones de su cerebro estructuradas de forma distinta y que de todo ello deriva su dificultad en la lectura, y todo lo que no muchos ya sabemos de dificultades específicas de aprendizaje, que se traduce en una vida escolar bastante difícil. ¡Bueno! Parece que poco a poco los científicos van aclarando las causas de la dislexia, van averiguando como funciona un cerebro de un disléxico, y esperemos que todos estos estudios científicos abran los ojos a la comunidad educativa, a los legisladores, a los profesores y a quien haga falta para hacer la vida más fácil a nuestros hijos.



A la vez que hacen esos estudios del cerebro, deberían de hacer un estudio de su corazones. Son niños que sufren más de la cuenta, son niños que tienen que superarse en su día a día con mucho esfuerzo, son niños cuyo esfuerzo no se ve recompensado, son niños luchadores, son niños con corazones. Yo diría que con unos corazones distintos. Tienen unos corazones inmensos, tienen una sensibilidad especial y tiene una inteligencia emocional superior a la de muchos adultos. No se si científicamente está comprobado, pero a mi como madre no me hace falta que me lo demuestren con estudios, la vida misma, el día a día de mis hijos me lo ha enseñado. Es más, yo diría que me lo siguen enseñando. Después de tanto estress la semana pasada con una de mis hijas, después de las noches en vela, de los llantos y nervios por culpa de no estar feliz, ni comprendida, en su clase. Cuando por fin todo estalló, después de la tempestad vino la calma... y poco a poco todo vuelve a la normalidad. Si es que se puede llamar normalidad el día a día de un niño disléxico en etapa escolar. Pero aun así, el jueves por la noche, una vez pasada la terrible semana, me demostró una vez más la inmensidad de su corazón, cuando se fue a la cama me pidió perdón. Yo con cara de asombro no lograba entender  lo que  tenía que perdonar. Simplemente con sus ojos llenos de lágrimas me dijo, que si para ella había sido una semana horrible, donde nunca había llorado tanto, ni había tenido tantos miedos y nervios, para mi debería de haber sido igual de mala. Me pedía perdón por haberme hecho pasar por tan mala semana, por haberme hecho sufrir... yo no podía hablar. Le dije que no pasaba nada, y ella me dijo que sí, que como ella sabía como la quería, sabía lo mal que yo lo había pasado. Las dos nos abrazamos como si fuera una película de domingo por la tarde, y a dormir. Cuando me fui a mi cama, me di cuenta cuan grande era su corazón. Estos niños tienen tanta empatía, tanta inteligencia emocional, tanta sensibilidad, que nos dan una lección al resto. Son niños que no por ser disléxicos, no por tener la cabeza estructurada de otra forma, no solo por tener que luchar contra un sistema hostil, contra mil y una adversidades, son capaces de desarrollar un corazón fuera de lo normal. Son niños con una bondad inmensa.
 Responden al cariño, saben cuando se encuentran queridos y lo agradecen. Agradecen todo el cariño que se les da, lo devuelven multiplicado por mil, pero no solo a sus seres queridos, también a sus profesores y a todo aquel que se muestra cariñoso y con ganas de ayudar. Mi hijo suspendió en la prevaluación filosofía, la profesora se mostró tan cariñosa con él,confío tanto en él que lo eligió para un concurso de filosofía, con el cariño que le ha ido dando, ha conseguido que estudie a Platón, a Aristóteles y a San Agustín como un loco, tanto ha estudiado que ha pasado a un notable alto. Creo que es la mayor prueba de gratitud hacia su profesora que le demostró su cariño, le demostró que creía en él. Son así estos niños, son niños que quieren ser tratados con cariño y humanidad.  Parece algo obvio, pero la realidad es que no lo son siempre, suele ser muchas veces todo lo contrario.Ellos con su gran corazón, con su gran inteligencia emocional, saben devolverlo con creces. Saben dejar a un padre o a un profesor con la boca abierta de asombro, de admiración, ante tanta bondad. Así me han dejado en estos últimos días mi hijos... aun conociéndoles tanto, no me dejan de sorprender para bien.