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29 septiembre 2013

Se acabó septiembre; y mi autoestima que?









Como es de esperar ya pasamos septiembre. Ya sabemos con que profesores nos han tocado, si hemos o no tenido suerte y como se nos presenta el curso escolar. Algunos de nuestros hijos durante este mes han sufrido un stress, un agobio y muchos otros sentimientos, muchos de ellos encontrados, que es difícil describir en pocas palabras. Una metáfora podría ser que su mes de septiembre ha sido "un no morir en el intento"; otra podría ser "un intento de hacerse con las riendas de mi curso"; otras muchas metáforas me vienen a la cabeza, pero todas ellas entrañan el concepto sobresfuerzo. Un sobresfuerzo no para lograr ser alguien dentro del aula, un sobresfuerzo para estar a la altura de lo que se espera de mi, de no defraudar y de encima hacerme amigos en mi clase. Todos mis hijos este mes han realizado a su manera un sobresfuerzo por sobrevivir. En algunos se les nota más que en otros, pero al final como son niños y son transparentes todo se ve... y claro que veo en su día a día ese sobresfuerzo, o incluso un esfuerzo brutal si lo comparo con sus compañeros. Pero bueno, esto es así y a seguir luchando. Así, poco a poco nos hemos ido comiendo los días del calendario de septiembre. ¿Solo nos hemos comido los días? No, ni mucho menos nos hemos comido algo más... la autoestima.


Si, es algo que siempre va unido a la dislexia, la  baja autoestima, es su consecuencia directa. Hasta hace poco  yo presumía que salvo excepciones en mi casa la autosestima estaba muy presente, muy bien, no escaseaba. Mentira, tras  mentira  y más mentiras, la autoestima  nos la hemos comido muchas veces, no dejamos nada para el día o mes siguiente ¡ y cuesta tanto recuperarla! Hace poco vi un video donde se comparaba la autoestima con una partida de cartas, uno apostaba fichas en cada partida de su vida cotidiana. De una manera muy simple quedaba claro que el que tenía pocas fichas, es decir, mis hijos disléxicos, apostarían de dos formas. La primera sería jugar de una manera muy conservadora por miedo a perder sus fichas, irían sobre seguro. De estos casos tengo en casa algún ejemplo y es fácil de detectar que andamos escasos de autoestima. Al menos para mi ha sido fácil verlo. Se ve como la autoestima escasea, se queda sin reservas y hacemos lo imposible por recuperarla lo antes posible. La segunda manera de jugar es apostar todo, total tengo tan poco que perder que si lo pierdo..." de tirados al río...". Esta forma es difícil de ver, al menos para mi, pues cuando apareció mezclado con la adolescencia no fui capaz de disitnguir que era adolescente y que era falta de autoestima, o un S.O.S. de " Mamá, por favor rellénamela". 

Este septiembre se ha ido comiendo poco apoco la autoestima de alguno de mi casa. Por muy vigilante que yo haya estado, por muy cuidadosa que haya sido, lo siento cierro este mes con menos autoestima en casa. Si bien es verdad que al minuto uno que veo que no viene de vuelta del colegio, hago todo lo que sea por recuperarla. Ello ha supuesto que tras suspender algún que otro examen, por supuesto estudiado y como no, no solo con la nota suspendida, no con algo más para rematar bien la faena, el comentario del profesor hiriente. Eso es demoledor, eso cuesta no un puñado de cajas de fichas para reponer la autoestima, eso supone empezar de bajo cero. Pero como os dije mi apuesta escolar ha sido que mis hijos son " gran reserva" y como tal merecen un cuidado extraordinario, son tan valiosos que deben de ser tratados como lo más frágil que jamás hayan tenido en sus manos. Por eso nada más ver el examen, nada más ver ese bolígrafo rojo diciendo que no entiende lo preguntado, subrayando varias veces de una manera casi ofensiva cada fallo cometido... solo de verlo a mi me quitaba mi propia auotestima, me dejaba tumbada y dolorida, ¿y como se sienten mis hijos? Yo se como se sienten de mal con solo ver sus caras, pero ese profesor no lo sabe. Tranquilos, para eso estoy yo, para escribir rauda y veloz una notita que al final es más bien una carta. En ella le recuerdo que fui a tutoría, que tiene todos los informes y que por si no sabe que es la dislexia y como se traduce en el examen corregido yo se lo recuerdo finamente, pero de manera muy clara, con puño firme desmenuzo pregunta a pregunta del examen, haciéndole ver como la dislexia se manifiesta. Aunque ser así suponga quizás quitar un poco de autoestima al profesor, lo siento, mi problema principal no es él, son mis hijos. Lo cierto es que ha funcionado, la profesora me ha escrito una nota muy cariñosa, pide disculpas y me explica como va a intentar trabajar con mi hija. Es más en el examen siguiente le ha dado mas tiempo, le hace la vista gorda en el dictado, quitándole la mitad y por si fuera poco es simpatiquísima con mi hija. ¡Que deciros que no os imaginéis! El saldo positivo de la autoestima se ha vuelto a llenar... Una vez más le doy las gracias y sigo con el mes de octubre.

De todas formas lo de la autoestima es algo que me quita el sueño.¡ Es tan fácil de quitar y tan difícil de recuperar! Es una lucha constante, espero ser capaz de ver siempre cuando el saldo es negativo, cuando desaparece. No siempre es fácil, hay veces que aun siendo su madre se me escapa. Eso me pasó el curso pasado con uno de mis hijos, inmerso en plena adolescencia, cambio de colegio  y un curso lleno de complicaciones... acabamos aprobando, con mucho esfuerzo pero ¿cuantas " fichas" de su autoestima se quedaron en el camino? El saldo se quedó vacío y yo no me di cuenta... el apostó " al todo o nada"... y salió nada durante mucho tiempo. Ello supuso una infinidad de problemas que se traducían en sufrimiento, rebeldía y tristeza. ¿Quien es capaz de valorar ese daño? ¿Cuanto vale? ¿Quien lo repone? ¿El tutor? ¿El jefe de estudios? No, no hay veces que no se repone todo. Desde luego los que trabajamos como locos para reponerla somos nosotros los padres. Por suerte hemos tenido todo un verano, pero a veces no es suficiente tiempo, a veces llega y pasa tan rápido septiembre que cuando entramos en octubre seguimos con el saldo negativo de la autoestima.