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22 octubre 2013

Dieciocho años con la dislexia....




Así es ayer hizo dieciocho años de mi vida con la dislexia, pero sin ser yo disléxica. Ayer fue algo tan sencillo como mi aniversario de boda y mi inicio no solo en la aventura del matrimonio, hijos, familia política, el descubrimiento de las múltiples facetas que puede llegar a tener una mujer, descubrí la dislexia. Sí yo estudie derecho y nunca me imagine que mi vida iba a ir ligada a la dislexia y a su apasionante forma de ver la vida. En un artículo leí que el ser diagnosticado de dislexia no era el fin del mundo, todo lo contrario era el comienzo de una bonita aventura. Nunca he estado más de acuerdo con ello. Para mi fue el comienzo de muchas aventuras y todas resumidas en mi familia.


Yo soy la única " outsider" en nuestro día a día familiar, ellos ven normal el pensar como ellos piensan, el tener esos razonamientos y el ser así. Yo soy la distinta y es curioso, como la vida me ha hecho ser la que les ayude o guíe a saber desenvolverse y vivir en el mundo de los no disléxicos. Desde pequeños no solo he sido la que fui en busca del diagnóstico, la que tuve que aprender a ver y respetar su forma de pensar, a saber buscar día a día, concepto a concepto, en cada uno, su forma de aprender las cosas. Todo ello hace que sepa más de la dislexia de lo que jamás me pude ni imaginar, y menos el día que me casé. Por no saber no sabía que mi marido era disléxico.

Estos años han dado para mucho, no solo en mi familia, también en el mundo de la ciencia y de la educación. Si observo la forma de trabajar con mi hijo el mayor y la forma de trabajar con mi hija la pequeña, todo ha cambiado para bien. Las terapias empiezan antes, ya se trabaja con niños de tres años. Las terapias son más amenas y menos pesadas. Se sabe más de la dislexia. Las nuevas tecnologías han evolucionado y facilitado la vida de los niños con dislexia. El mundo cambia y esperemos que para bien.

Es increíble en la sociedad que vivimos, donde ya se respeta el color de la piel, donde se respeta las diferencias ideológicas y las diferentes religiones; donde se trabaja en el aula el concepto de la tolerancia y el respeto, en cambio no se reconoce la forma de pensar distinta. Es más la dislexia para que medio la entiendan y la acepten se tiene que definir como dificultad específica de aprendizaje....y ni por esas se respeta. Nuestro sistema no es capaz de respetar, ni de entender que todos no razonamos de la misma manera, somos distintos no solo en el color de piel, de ojos o de pelo, somos distintos dentro de nuestras cabezas. Aunque haya niños y adultos que procesen la información de forma distinta, no tenemos que hacer que se sientan discapacitados o discriminados. Cuando estudié derecho nunca pensé que alguien podía ser discriminado en el aula por razón de como procese la información. Nunca pensé que alguien se iba a examinar en desigualdad de oportunidades por el simple hecho de ser distinto por dentro. Nunca pensé que mis hijos iban a ser parte de un grupo que representa el 15 o 20% de la población disléxica discriminada por el sistema educativo. Nunca lo pensé. Pero lo cierto es que mi hijo se examina en este curso académico de la PAU o selectividad y así es. Se examinará, a no ser que las cosas cambien, en desigualdad de condiciones respecto a sus compañeros, sí en pleno siglo XXI, en plena sociedad del conocimiento, en plena democracia y con un estado del bienestar; con una Constitución que recoge el derecho a la igualdad, el derecho a la educación y montón de derechos fundamentales para todos siempre y cuando no seas disléxico.

En estos años con la dislexia he descubierto muchas cosas, algunas muy divertidas y otras sin ninguna gracia. Pero lo que sobre todo he descubierto es que todos los disléxicos son trabajadores, son gente muy sacrificada, y gente muy luchadora. Serán más capaces o menos, sabrán más o menos, pero todos ellos saben lo que es el trabajo duro, el trabajo diario, el esfuerzo no recompensado y el seguir hacia delante cuando crees que todo el mundo se confabula para ir en tu contra. Ya dudo de si la vida les hace así o nacen así. Al igual que nacen con la cabeza conectada de otra manera, quizás nazcan con una dosis extra de trabajo y esfuerzo. Mi marido me la demuestra día a día, es un "currante nato". Cuando habla de su infancia el esfuerzo siempre está presente. Cuando veo a mis hijos día día luchando para aprender y ser igual al resto, veo su esfuerzo. Cuando veo como después de estudiar un examen de lengua viene con un suspenso y aun así no tira la toalla, veo que está decidido a aprobar selectividad ,veo a un esfuerzo y unas ganas de luchar que no todos los no disléxicos tienen.

Como le dijo ayer una de mis hijas a alguien que no sabía lo que era la dislexia: "La dislexia no es un problema es una virtud". Una virtud que no muchas personas tienen y que les hace ser unos seres excepcionales.

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