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03 julio 2013

Nuestro verano y nuestra dislexia.







Llegó el calor, llegó el verano y llegó el momento de descansar. Es verdad que llegó la mejor parte del año, donde no hay deberes, ni exámenes, no hay mochilas llenas de cuadernos,  ni nada que nos vayan a preguntar, llegó nuestro momento de disfrute. De disfrutar de nuestros disléxicos sin estres, de reírnos y de poder aprender cosas nuevas, cosas útiles y divertidas.

Creo que el verano es un momento bueno para poder reinventar a nuestros hijos. Si reinventarlos pudiendo enseñarles o ayudarles a que desarrollen aquellas facetas que no han podido durante el curso. Les damos tiempo libre para que vagueen y duerman, sobre todo si son adolescentes. Les damos tiempo libre para jugar, para pasarse horas delante de la play o para jugar a las casitas, a los legos y a construir cabañas. No pasa nada si llega la noche o llega el temido domingo, no pasa nada pues mañana cuando se levanten seguirán jugando.


El verano es sinónimo de tiempo libre, de tiempo para dejar volar la imaginación, para ser ellos tal y como quieren , sin presión de tiempo, de colegio, ni de nada.

En ese tiempo libre tenemos que fomentarles que sean más activos, más imaginativos y que aprendan cosa nuevas. Si encima lo que aprenden sirve para poder impresionar a la gente mejor, su autoestima tan dañada a lo largo del curso volverá a crecer. Por ejemplo una de mis hijas aprendió a hacer punto con mi madre, no os podeis ni imaginar lo que da de si hacer punto. No solo es la única de sus amigas que hace punto, es que encima es capaz de vestir a sus muñecos y encima se pasa horas con su abuela hablando de lo divino y de lo humano. Relajada, dejando rienda suelta a sus pensamientos, a sus sentimientos, dejando salir todo lo que lleva dentro. Tanto lo bueno como lo malo, y encima entabla una relación muy bonita con su abuela. Cuando pienso que para que puede servir el punto, pues considero que para mi hija el punto en verano es mucho más útil que hacer copias, sumas o leer. El punto para mi hija es algo donde ella se reinventa, se hace una persona más segura y más feliz. Encima sabe hacer algo que yo no se, pues yo no tengo ni idea de tejer.

El verano nos sirve para tantas otras cosas, para aburrirnos, para convivir tranquilamente, para que nuestros hijos descubran que tienen otra madre además de la madre sargento y pesada con los estudios. Para que vean que su madre tiene otras cosas en la cabeza que no son la dislexia , ni las terapias, ni el colegio. Es el momento donde hay tiempo para aprender cosas que nos sirvan a ser mejores personas, a sentirnos bien y a desarrollar otras múltiples inteligencias que el sistema educativo deja de lado.

El verano a mi me sirve para organizarme mentalmente, para ver que si el sentido que le he dado a las cosas, a la educación de mis hijos me lleva a donde quiero. Para ver si es tiempo de hacer cambios, de tomar nuevas direcciones y cambiar cosas. Esto para mi es muy importante, pues la dislexia siempre está presente, pero la dislexia se va transformando a lo largo de la vida. Hay distintas etapas que se van superando en función de los deficits que presenta cada niño en cada curso. Por eso es muy importante que me organice, que les intente dar una atención muy personalizada para así puedan desarrollar lo que tienen dentro.

El verano es maravilloso, agotador pero maravilloso, sobre todo para nuestros hijos. Es verdad que si encima consigues que lean un poco, que no dejen de lado las tablas de multiplicar  y un poquito más, conseguirás que lleguen nuevos a septiembre para afrontar el nuevo reto que supone un curso nuevo. Yo he pasado por todo tipo de veranos, por aquellos donde me empeñaba en hacer cuadernillo de deberes, por el que me empeñaba por leer y dictar a diario, incluso por avanzar con el programa del curso siguiente para ir un poco mejor preparados. Mi experiencia es que sí, algo ayuda pero no me compensa el desgaste, hay muchas otras cosas más divertidas que aprender. Es verdad que lo que sigo insistiendo, por no decir forzando es que lean. Aunque sea un poco, pero creo que dejar la lectura tanto tiempo de lado no es bueno, por lo menos un libro o dos.

Al igual que es verano para nosotros lo es para los profesores, y yo les mandaría deberes. Les diría que se preparen y se informen sobre las dificultades de aprendizaje, de como ayudar a estos niños, de como sacar el mayor rendimiento. Que sean capaces de entender la dislexia y las dificultades que presenta para poder trabajar con ella. Si lee esto un profesor dirá que ya lo saben y que menuda tontería. Pero como considero que no es tontería que lea un niño, tampoco es tontería que un profesor se forme en el verano.

Mientras unos y otros disfrutamos del verano, seguimos con nuestros disléxicos, seguimos con nuestros hijos y nuestras vidas. Esperando que llegue el temido septiembre, pero todo a su tiempo y mientras tanto disfrutemos del momento.


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