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12 julio 2013

El coche de mis disléxicos...


 Antes de irme de vacaciones una breve descripción. El otro día como tantos otros padres me tocó llevar mi furgoneta a pasar la ITV. Aunque sabía que todo estaba más o menos bien, siempre cuando estás esperando a que te den el visto bueno, te entran mil dudas: los neumáticos; los frenos; las luces de freno y... te pones a pensar. Esta vez la inspección fue más exhaustiva, el técnico se metió dentro de la furgoneta para ver los cinturones de seguridad. ¡Horror! Mi coche por dentro, en eso no había pensado. Menos mal que solo le interesaba los cinturones y sus correcta sujeción, pero que vergüenza, que caos de coche. 


Me imagino que toda furgoneta de familia numerosa es un caos, pero si son disléxicos más. Pensareis que menuda tontería pero de verdad que es un añadido. Yo en mi furgoneta me puedo encontrar lo típico de una madre: toallitas; lápices; juguetes perdidos; piezas de lego; trozo de chuchería abandonada y mil cosas más. Pero como mi vida y la de mis hijos es un ir y venir al logopeda, compaginado con mis viajes de ida y vuelta al colegio, cada quince días al optometrista, semanalmente a clases de piano, inglés y fútbol, pues en mi furgoneta aparecen más cosas atípicas. Cuando en la ITV me puse a ordenarlo aparecieron las fichas del logopeda de una de mis hijas. Aparecieron las que nunca fuimos capaz de encontrar, pero es que en el coche aprovechamos para repasarlas. Son cartas con sílabas que hay que leer muy rápido; otras son dibujos de muñecos que sirven para distinguir sonidos y según fui ordenando aparecieron todas aquellas que teníamos perdidas. Según ordenaba y recopilaba cosas perdidas, incluso el famoso cargador de la nintendo, me di cuenta que en la furgoneta hacemos infinidad de cosas. Comen los niños con sus termos cuando los saco al mediodía para ir corriendo al logopeda. Les llevo su tartera, su fruta y mientras comen, yo corre que te corre al logopeda, no hay tiempo que perder. En el camino un repaso de los deberes que llevamos. En la furgoneta llevamos todos los aparatos de la optometrista, algunos son inmensos, son cajas grandes, ahora me acuerdo del teledescopio... se ha pasado este año muchos viajes conmigo de ida y de vuelta de la consulta. Le sumo la equipación de fútbol de otro de mis hijos y su merienda mientras salíamos corriendo del colegio para llegar al entrenamiento. ¡Ah! junto con sus partituras de música y la guitarra. Infinidad de mapas mentales y esquemas que repasamos por la mañana a toda prisa según vamos al colegio, luego se quedan arrugados y tirados por el coche. Ese repasito final a veces logra hacer milagros en el examen. No me puedo olvidar de los discos del coche donde van cantando las tablas de multiplicar para que como quien no quiere la cosa se las vayan aprendiendo. Seguimos con los libros que creíamos que había que llevar al colegio y en el último momento lo sacamos de la mochila pues no hacían falta. Así un suma y sigue de todo aquello que me puedo encontrar en mi furgoneta. Sin contar la agenda escolar de alguno de mis hijos que al salir del colegio la llevaban en la mano y nunca la volvieron a meter en su mochila.

Ahora entenderéis mi cara de horror cuando el técnico decidió inspeccionar por dentro mi furgoneta. Ni yo misma sabía lo que nos podíamos encontrar... y además como explicarle que soy madre de seis y encima mi vida en la furgoneta da mucho de si pues todos son disléxicos y el año escolar es un montón de viajes, de esperas y de terapias. Si me pongo a explicárselo creo que jamás se va a hacer una idea de lo que le cuento, seguro que me toma por una madre un poco histérica. Pero tengo que decir que pasamos la ITV, que todo fue bien y que muy discretamente el técnico hizo como si no hubiese nada anormal en el interior de mi coche. ¿Quizás él fuese también disléxico y no veía las cosas de la misma forma que el resto?


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