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26 junio 2013

...y llegaron las notas de mis disléxicos.








Sí, asi es llegaron las odiadas y temidas notas. Mi estado de la semana de "stand by" ha pasado al del " play" o vuelta a la acción. Ayer con un pellizco en el estómago fuimos a recoger las notas. Dentro de todo lo malo no hemos salido mal parados, todos han salido bien incluso con comentarios valorando el esfuerzo. Hasta aquí, todo en orden, mi estómago se iba relajando. Pero faltaba uno de mis hijos, el que ha sido un suplicio su curso, su tutor y su colegio. Faltaba por tener la prueba de fuego : el boletín final,  dentro de lo malo tuvimos lo mejor. Nos han quedado, pero el pase de curso lo tenemos garantizado, ha remontado mucho, pero este verano hay que estudiar. En esta fase es donde mi estómago vuelve a encogerse. Analizo la situación, puede que os parezca una histérica pero la realidad que siento es la siguiente.

Llevamos, madre e hijo, desde primeros de mayo encerrados estudiando. Apoyo múltiple de profesores particulares y un largo etcetera de peleas entre madre e hijo adolescente. Le dejas a pan y agua, nada de salidas, nada de vida social y por supuesto nada de movil. Te mantienes dura y le haces galopar. En el fondo te parte el alma ver como el colegio se ha portado con tu hijo, con mi adolescente, al cual no le han mirado a su cara hasta el mes de mayo. Después de hablar hasta con la inspección de educación, con el jefe de estudios y todo aquel que consideré oportuno, conseguimos los quince minutos extras que nos concede la Comunidad de Madrid. Eso si, solo a mitad de la tercera evaluación y en finales. Por lo menos algo es algo, pero ha sido estresante y agotador ese batallar, la incomprensión y el trato recibido. Ya no el trato a mi hijo, no entro en eso, el trato a mi como madre, me han tachado de histérica, de estresada y de muchas cosas más, pero sobre todo me han ninguneado, me han ignorado hasta que tuve la suerte que un alma caritativa, que fue el inspector que me tocó, se preocupase por mi hijo y metiese las narices en el colegio. Si toda esta situación a mi me ha supuesto un desgaste, una presión y unas ganas de no volver a verlos, imaginaros a mi hijo.  A ello le sumamos que es adolescente en estado puro y duro. ¡Total! que tras todo este agotador año, nos encontramos con un tutor que no tiene ni idea de la dislexia, que me ha contado cosas no ciertas de mi hijo en las tutorías, que me calmaba con un "usted tranquila" y que ha suspendido a mi hijo en su asignatura. Este querido tutor, tiene tanta empatía por un niño adolescente y disléxico que al entregar las notas tiene la habilidad de hacer comentario hiriente y demoledor delante del resto de sus compañeros. Eso es educación, eso es ser tutor y eso es ser mala gente. La siguiente parte es que mi hijo sale dolido, rebotado con el mundo entero y la que paga el pato soy yo, la madre del adolescente o sufridora en casa que se siente mal con el mundo entero. Niño tirado en el sofa, roto en trocitos y que se siente incomprendido. Ni siquiera la play station conseguía levantar su ánimo.

Ayer por la noche vuelta a reinventarte como madre, vuelta a ser psicóloga, entrenadora y mil cosas más. Charla hasta las tantas de la noche, hacerle ver como es la vida, como su esfuerzo se ha visto recompensado, como por ser disléxico no se puede permitir ni vaguear, ni ser un adolescente total, tiene  que ser consecuente con sus características, con sus dificultades y no se puede permitir vaguear. Todo lo resumo, pero es difícil pegar los trocitos de tu hijo roto, recomponerlos y tu seguir como si nada. Me hubiese gustado llamar al tutor y preguntarle que que se supone que tengo que hacer ahora con mi hijo. Entre medio de este torbellino, le has planificado su plan de estudios para estas ocho semanas que quedan por delante, ello compaginado con descanso, amigos y un poco de relajación. Parece fácil pero no lo es. Tengo que recomponerlo y además convencerle que se ponga a estudiar, poco a poco. Para eso necesito que el vea la necesidad de estudiar pues a las malas no consigo nada.

Después de dejarle dormir, después de asimilar todo y dejar pasar las frustraciones hoy empezamos una nueva etapa del año: las vacaciones estudiando y estudiadas. Premio a su esfuerzo, le dejas sacarse el carnet de moto. Le das una prueba de confianza, le das una prueba de que valoras su esfuerzo pero a cambio más esfuerzo, lo siento así es la vida en la dislexia, más y más esfuerzo. Prometes más premios para septiembre, prometes más para la primera evaluación... y gracias a todo y sobre todo a su bondad y buen carácter hoy por la tarde vuelvo a tener pegado en trocitos a mi hijo. Vuelvo a tener a mi hijo con su sonrisa, sus comentarios y como es él: fantástico pero adolescente.

Como somos tantos en casa, tengo que decir que hemos tenido muy gratas sorpresas en las notas de otros hijos míos, sobre todo comentarios muy positivos valorando el esfuerzo, con eso basta, con eso todo queda olvidado. Hay quien incluso ha pasado su prueba oficial de idiomas y con nota.  Todo ello hay que decirlo, nuestro largo curso ha traído sus recompensas. Pero la pregunta es la de siempre ¿con que coste personal? ¿Verdaderamente es sano educar con tanto esfuerzo, con tanta frustración y con tantas complicaciones? Yo creo que no, es agotador y tanta presión no puede ser buena para nadie. Si a ello le sumas la adolescencia entonces es un martirio, es algo que o pasas por ello o no te lo puedes ni imaginar. Tengo la suerte de tener un adolescente buena gente, pero el sufrimiento y la presión que ha tenido no ha sido buena, no veo lección alguna suficientemente válida que nos recompense.

Como fin de la historia de entrega de notas, mañana vamos, madre e hijo, a revisión de examen con nuestro adorable tutor. Vuelta tener un pellizco en el estómago, pero ahora si que quiero enseñar una lección yo a mi hijo. No nos avergonzamos, nadie nos humilla, sacamos cabeza y damos la cara. A escuchar la lista de comentarios inexactos que nos va a decir, por no decir que no se ajustan a la realidad . Me da igual los dos vamos a ir en equipo, seguros y diciéndole que hasta el mes de mayo mi hijo se ha examinado en desigualdad de oportunidades respecto a sus compañeros y una vez más recordarle que es disléxico. Que eso no es correcto, ni legal. Le vamos a rebatir cada comentario educadamente y vamos a conseguir que cuando vuelva a tener un disléxico en el aula sepa un poco más como tener que tratarle.

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