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06 septiembre 2014

¡Que solo tiene dislexia!


Llevamos casi una semana de colegio. ¡Que os voy a contar que no sepáis! Estrés de empezar el curso, mochilas, libros, forrar más y más libros, nervios y más nervios. Noche en blanco de pensar con quien les va a tocar, todos los años sacan a todos los alumnos del curso y los vuelven a mezclar. Nerviosos por si nos toca con el niñ@ que el año pasado nos hizo el curso insoportable y no paro de machacarnos. Nerviosos por si el amig@ que siempre nos ayuda está en la misma letra. Yo nerviosa de pensar quien iba a ser el tutor y con pereza, mucha pereza de empezar el curso. En nuestro caso no es empezar el curso, es empezar el logopeda, es mantener la auotestima alta de nuestros hijos, es ir y venir del colegio al logopeda. Es empezar un programa de entrenamiento duro y severo, donde nuestros hijos deben no solo de ponerse al día como el resto de sus compañeros o acostumbrarse al horario. No, para nuestros hijos es un se acabo el tiempo libre entre semana, los domingos son sinónimo de estudiar y más estudiar, los fines de semana dependen de las agendas de deberes, para nosotros son las tardes entregadas en cuerpo y alma a nuestros hijos y sus estudios. Aprender a organizarse y hacer ver al profesor nuevo que no es tonto que solo tiene dislexia. En resumidas cuentas empezar el curso para las familias con hijos con dislexia supone un esfuerzo y una aventura que no te la puedes imaginar a no ser que te toque. Eso sin contar que la gran mayoría se han tenido que examinar en septiembre de alguna asignatura, no les ha dado tiempo a desconectar, y entran en el colegio aun habiendo recuperado con la espada de Damocles de que tenga que repetir el curso que viene. Empezar el curso en esas circunstancias y con esa carga o amenaza rondando la cabeza no es nada alentador, es desmotivador, por no decir inhumano.

¡Animo! Mucho ánimo es lo que necesitamos y como yo me he empapado en libros de pedagogía y psicología positiva, solo deciros que todo tiene un final y que puede ser feliz. Aunque creáis que el hecho de tener seis hijos con dislexia y uno de ellos universitario me hace inmune y más fuerte para el comienzo de curso, no creáis que es cierto lo sigo pasando igual de mal que siempre, me estreso y me canso. Pero este año tengo una novedad que no tenía otros años mi hijo es universitario. Eso te da un nivel de superioridad en la puerta del colegio, sobre todo el primer día en las tertulias al dejar o recoger a tus hijos. Preguntas típicas de que qué tal las vacaciones, de que si te has ido a la playa, de que como van el resto de tus hijos. Ahí esta la novedad, normalmente callaba o intentaba hablar poco de mi hijo el mayor. No por vergüenza ni mucho menos, me siento orgullosa de él, pero este año puedo decirlo, socialmente se valora que este en la universidad. Socialmente se le considera algo por el mero y simple hecho de estar en la universidad. Sigue siendo mi mismo hijo adorable con sus virtudes y sus defectillos, pero ni más ni menos inteligente, es el mismo. Pero cuando te preguntan que como acabo el curso, que qué hizo y dices que sacó bien la PAU o selectividad y que encima entró en la ingeniería que quiso, ponen cara de asombro. Cuando te siguen preguntando y tu dices que va a empezar telecomunicaciones, entonces ya la cara es de asombro absoluto. Un “Ah! Pero si mira por donde acabó bien” o “ Que exagerada fuiste!”. Lo mejor es cuando te preguntan “¿Pero este no tenía dislexia?” entonces se te infla la boca y dices que si que dislexia tiene pero que es capaz, igual de capaz que cualquier otro niño. Por primera vez no me hacen sentir inferior, no tengo que callarme y veo en la gente no solo la cara de asombro, veo que ahora se asombran de que encima no es torpe. No se si será o no cierto, pero eso es lo que yo siento, por supuesto que no en todos los casos, no se puede generalizar, pero si que en muchos. Sobre todo en mucha gente que yo siempre sentí que no apreciaban a mi hijo, que lo consideraban torpe en los estudios y que me trataban con superioridad, creyendo que sus hijos eran muy superiores a los míos. Cuando veo sus reacciones me reafirmo en lo que me hicieron sentir, pero por dentro me troncho de risa al ver sus caras y comentarios. Me doy cuenta cuan estrecha de mente es la gente, espero que este año los profesores del resto de mis hijos sean más abiertos que todos esos padres.

Más y más me alegro que gracias a la dislexia de mis hijos mi mente sea mucho más abierta que la de todos esos ignorantes, que mis hijos tengan dislexia y que sean niños que se salgan de los estereotipos. Se que educarlos requiere un mayor esfuerzo, pero que merece la pena. Merece la pena pues con ellos no podemos tener una educación planificada, siempre te sorprenden, te hacen abrir tu mente y pelear por lo que realmente merece la pena y eso es su felicidad. Quizás acaben sus estudios en el colegio que nunca pensaste que lo iban a hacer. Quizás no puedan estar en las actividades extraescolares que tu soñaste pero te da igual, tus prioridades han cambiado al igual que tu forma de educar. Su dislexia te ha hecho ver la vida de otra manera, una manera mucho más plena y completa. Nunca te planteaste elegir una carrera para ellos, pues solo el mero hecho de lograr pasar la PAU ya te hace sentir tan feliz, ya colma tus expectativas que te da igual lo que haga. Valoras igual una ingeniería que cualquier otra carrera o formación profesional, siempre y cuando haga lo que le guste y se sienta bien. La gente se fija en la ingeniería y yo solo me fijo en que está en lo que el quiso estudiar. ¡Que está feliz! Educar a un hijo con dislexia es un camino largo y muy tortuoso pero puede tener un final feliz. Solo por eso ya merece la pena pasar una vez más por el mes de septiembre.
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