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25 junio 2014

¡Se acabó!


Cuando hace diez días recogí a mi hijo en el último examen de la PAU o selectividad estas fueron sus primeras palabras al montarse en el coche. Yo le dije que si que ya se acabó selectividad, que a divertirse y disfrutar. Cual fue mi sorpresa cuando me dijo:” Mamá no, no es eso, se acabó todo, el colegio y todo”. Así es, se acabó. Se acabó una dura etapa de su vida. Ahora entramos en la nueva donde todo será más sencillo la universidad. Simplemente no vuelvo a ver lengua, simplemente por estudiar lo que me gusta, me dejan examinarme al oral y puedo usar las nuevas tecnologías. En resumidas cuentas me dan los apoyos que necesito para sentirme normal y ser uno más.


Hoy puedo decir que verdaderamente se acabó, aprobó selectividad o la PAU, y no solo aprobó, hizo aun más, contra todo pronóstico subió su media escolar de bachillerato. No se que cara puso al ver su nota, lleva una semana con unos amigos en la playa pasándoselo bomba y siendo lo que es un chico joven, al que le corresponde divertirse. Pero no hace falta, solo con oírle y ver sus chats me sobra. ¡Está feliz! Por cierto a mi me ha dejado de doler el estómago, llevaba tres días que tenía un nudo que no se me iba. No era capaz de dormir bien, en resumidas cuentas estaba atacada de los nervios o como queráis decirlo. Todo esto vivido en el más absoluto silencio, como si no pasase nada e intentando transmitir en mi casa una calma que no era cierta.
Yo me siento feliz por él, pero me siento feliz por poder demostrar al resto de mis hijos que tienen  dislexia que se puede terminar. Por poder darles esperanza y contarles una historia real y vivida en casa. Que la historia de la dislexia tiene un final y que puede ser un final feliz. Que aunque a lo largo del curso escolar creas que esto no tiene fin, que aunque no paren de suspenderte , que aunque sufras y llores, todo tiene un final. Que si eres capaz de sobrevivir, de seguir levantando la cabeza y de seguir trabajando se puede lograr. Mi hijo desmonta con este final muchos mitos de la dislexia. Se puede hacer bachillerato, se puede llegar a la Universidad, se puede sacar nota, se puede hablar idiomas, se puede tantas cosas como te propongas. Siempre y cuando luches, te apoyen en tu casa y tengas la terapia de logopedia adecuada. Nunca es tarde para llamar a la puerta de un especialista. Cuanto antes mejor. Y a todos deciros que merece la pena el sacrificio, que merece la pena las horas en casa estudiando, que merece la pena las horas yendo y viniendo al logopeda, que merece la pena todos esos domingos interminables con los deberes. El coste es muy alto pero el final feliz supone el demostrar al mundo que eres normal, que solo tienes dislexia y que se debe de normalizar con total naturalidad. Eres capaz.

Hace un año estábamos sumidos o hundidos en un sofá, nos habían dado las notas, teníamos dos suspensos. Fue un año durísimo u “ horribilis”. Teníamos el ánimo perdido, el comentario del profesor fue tremendo. La humillación dando los suspensos en alto delante de todos, con comentario despectivo e hiriente fue demoledor. ¡Quien me iba a decir a mi que justo un año después íbamos a estar con todo aprobado, subiendo la media y con buena nota!

Hicimos bien en irnos de un colegio donde no encajábamos, donde su perfil no era el de sacar a todo niño, su perfil era solo quiero los que no tengan problemas. Un lugar donde no te sientes querido y tu hijo no es feliz. Nos fuimos a otro donde nos trataron con cariño. Mi hijo devolvió con creces el cariño recibido, aprobó y en la PAU se lució. Se demostró a el mismo y al resto que no es tonto, que vale la pena apostar por él y que aunque en Madrid no nos examinemos en igualdad de oportunidades, él es capaz de luchar y remontar. ¿Qué su nota no es justa pues no se ha examinado en igualdad de oportunidades? Ya lo sabemos, ¿Qué si le hubiesen puesto el tamaño de la letra más grande o leído las preguntas todo hubiese sido mejor? Pues si, pero él ya sabe bien la lección que la vida no siempre es justa, pero ha aprendido otra que con trabajo y esfuerzo se llega. Que el tiempo pone a todo el mundo en su sitio, al tutor del año pasado en su sitio de mal profesor y no saber ayudar a un niño capaz. A mi hijo de ser lo que es un adolescente como el resto, que vale la pena descubrir y que cuando le das cariño te lo devuelve con creces.
Siento pena pues no todas las historias de niños con dislexia en la PAU han tenido el mismo final. Son niños que se han esforzado, son niños que han trabajado y que no han tenido recompensa a tanto sacrificio. Es injusto y duele. Si me duele a mi que no soy ellos, que no soy su madre pero que me imagino perfectamente la situación, ¡cuánto más les dolerá a ellos! Pero son luchadores, saben volver a coger el libro y a seguir luchando. Simplemente:¡ánimo!
 Me siento una madre orgullosa y satisfecha tras pasar con él toda la etapa educativa, tras ser el “ coach” de mi hijo durante tantos años. Y ahora si que a volar, a volar a donde el quiera y la vida le lleve. Entra en la universidad, toma las riendas de su vida y yo en casa mirando y apoyando desde la barrera, mientras sigo luchando por mis otros hijos para que sobrevivan dentro del sistema escolar y tengan un final feliz.
Gracias a todos los que nos han ayudado en este largo camino, y gracias a mi hijo por enseñarme a ver la vida con otros ojos y con otro espíritu.

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